miércoles, 13 de mayo de 2020

El arcano y el jilguero de Ferran Varela




Ferran Varela es un nombre que está dando mucho de qué hablar últimamente en el fandom español. Ya desde La danza del gohut, publicado por Editorial El Transbordador, Varela dio un golpe en la mesa para decir: “aquí estoy y esto es lo que escribo”. Si recordáis la reseña que hice sobre dicha novela corta, recordaréis que todo fueron alabanzas, pues me gustó muchísimo. Por eso compré con ganas (aunque haya tardado un año en leerlo) El arcano y el jilguero, su nuevo libro. Y quizá eso, sumado al hype que acompañaba la novela, la lectura no ha sido tan satisfactoria como esperaba.

Nos encontramos en Hann, un lugar constantemente asediado por la guerra, ya que el emperador Thien se ha propuesto conquistar todos sus rincones. Nuestro protagonista, Mezen el Ariete, trabaja para él: es llamado el Arcano del tormento, un ser no humano llegado del inframundo para torturar a todo aquel que se encuentre. La realidad es muy diferente: Mezen es un ser humano y adopta este papel, por muy duro que sea, para conseguir sus objetivos. Pero cuando su camino se cruce con el de Nara, una joven huerfana de guerra que cambiará la forma que tiene Mezen de ver el mundo.

Esta es una historia de personajes. De dos, en concreto, aunque haya secundarios que aparezcan en el escenario. Pero Mezen y Nara son los dos protagonistas y todo gira alrededor de ellos y su relación. Esto es interesante sobre todo porque Varela aprovecha para profundizar y construir muy bien a ambos. A Mezen por encima de todo, ya que es, no solo el protagonista, sino también el narrador. Pero Nara, y la forma que tienen ambos de interactuar, es también muy importante para el libro.

Otro punto fuerte de la novela es la ambientación. Varela nos muestra un mundo muy diverso, lleno de culturas diferentes que podemos ir viendo a medida que seguimos los pasos de Mezen. El autor nos muestra mitologías, historias, tradiciones, ya sea mediante la voz del protagonista o mediante algunos personajes y lugares que aparecen durante el desarrollo de la historia. Hann es un mundo vivo y el lector puede adentrarse en él con facilidad.

Con dos elementos tan potentes como estos, la historia debería haberme gustado mucho más. Pero, y aquí llega la parte mala, no fue así. Mi problema con El arcano y el jilguero fue exclusivamente el pacto ficcional y la suspensión de la credibilidad. El pacto ficcional es algo muy subjetivo y cada lector tiene el suyo. Elementos que a mi me pueden funcionar perfectamente pueden ser rechazados por otro lector. Me costó mucho entrar en El Arcano y el jilguero. No por su complejidad ni por la lírica recargolada de Varela (que, aunque a veces se me hace un tanto rococó, no me disgusta), sino por su narrador. La historia está contada a través de los ojos de Mezen, pero el narrador parece omnipotente. Mezen adivina las intenciones de los personajes con los que interactua (y pocas veces falla), puede entender sus pensamientos y nos muestra un punto de vista que no siempre parece personal. A causa de esto, como lectora me costó mucho empatizar con Mezen y meterme en la historia.

A pesar de eso, recomiendo encarecidamente leer El arcano y el jilguero. Primero, por que mi problema con el pacto ficcional es muy subjetivo y aunque a mi me costó unas 150 páginas engancharme a la novela, esto no tiene por que ser el caso de los demás. Segundo, por que pese a todo, disfruté muchísimo de Hann y sus personajes. Con los conflictos de los personajes y los lazos que los van uniendo a medida que avanza la historia. Con la prosa preciosista de Varela. Así que si estáis buscando una novela de fantasía que se salga de lo acostumbrado, adentraros en El arcano y el jilguero.

Otras reseñas:
Libros prohibidos
Windumanoth
Café de tinta

1 comentario:

  1. ¡Hola! No conocía al autor y tiene pinta de ser todo un descubrimiento. A pesar de las cosas negativas que señalas, tiene pinta de ser buen libro, sobre todo porque la premisa ya me intriga bastante y me parece original, así que no descarto leerlo más adelante.

    ¡Nos leemos!

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