Una de mis misiones este año es reducir pendientes (al menos reducir la cantidad ingente de libros que tengo en casa y aún no he leído, es decir, menos compras y más lecturas). Sin embargo, esto de reducir las compras es algo bastante difícil para una compradora compulsiva como yo y este libro fue una de esas compras compulsivas. Sin embargo, y por suerte, no se quedó enterrada en mil otros libros, sino que cuando encontré un momento me dispuse a leerlo. Me habían hablado muy bien del libro y tanto la época como el tema me llamaban mucho, así que lo cogí con muchísima ilusión. Y creo que han sido esas expectativas las que me han impedido disfrutar con profundidad del libro.
Claire es una marquesa con la vida solucionada: Está comprometida al conde Bigly, su primo, de quien está profundamente enamorada. Sin embargo, la marcha de este a San Petesburgo (donde el juego y la fama lo pervertirán) y la pérdida de la fortuna a causa de un pleito enviarán esta vida idílica a una fosa profunda. Es así como, encerrada en su castillo al aire libre, conocerá al joven Philippe Derblay, señor de la herrería de la comarca e importante ingeniero.
Esta novela, ambientada a finales del siglo XIX, ha sido considerada un clásico pese a que no había llegado a nuestras tierras hasta que la editorial dÉpoca la rescato. Sin embargo, y pese a que sí trata algunos temas que podían leerse en aquella época por los escritores que, influenciados por la sociedad que vivían, intentaban transmitirla, Philippe Derblay no entra en tanta profundidad como sus contemporáneas. La novela, pues, se deja caer demasiado en el dramatismo de la historia romántica y eso aparta cualquier aspiración más profunda que pudiera tener.
Sin embargo, como historia de amor se mantiene bien. Está bien construida, con unos personajes que aunque algo clichés y demasiado extremados, son los que se llevaban en aquella época y que llevan ellos solos esta historia romántica. Sin embargo, el melodrama en la que está inspirada se hace algo exagerado en algunas partes. Por supuesto que es, sino una clara visión de la época, una ventana hacia esa sociedad, se echan de menos la ironía o el toque dramático justo que podemos leer en otras novelas escritas en los tiempos de Ohnet. Aún así, en la mayoría de la novela la historia pasa a nuestros ojos interesando al lector de una forma amena y ligera.
La pluma de Ohnet, sin embargo, se adecua perfectamente al público que tenía y es deliciosa y sensible. Perfectamente adecuada a la historia que cuenta, no hay ninguna incoherencia entre sus palabras y su historia: está todo perfectamente unido. Además, es una escritura que pese a que puede parecer algo rocambolesca para quien no esté acostumbrado a leerla, para los amantes de los clásicos decimonónicos va a ser igual de deliciosa que la de los grandes escritores de la época. O al menos, casi.
No puedo acabar la reseña sin comentar, igual que la mayoría de las reseñas que he leído de libros de esta editorial, la acurada edición en la que viene el libro. Entra por los ojos y por el tacto, además de que la traducción (creo yo en mi ignorancia, claro) está muy bien hecha, la edición es impecable. Sin embargo, para mi gusto la publicidad ha sido algo desacertada a la hora de comparar esta novela con Austen o Gaskell.
En conclusión, si os gustan las novelas románticas y de época, esta os encantará. Sin embargo, si acudís buscando una novela con toques más irónicos y con una historia que ahonde otros temas además de las relaciones personales, mejor os quitéis la idea de la cabeza: Philippe Derblay es un libro perfecto para como lo concebió el autor, pero no comparado con Orgullo y prejuicio o Norte y sur. Es una pena que se partiera con esa idea, porque siento que lo habría disfrutado más sin esa idea preconcebida en la cabeza. Aún así, no ha sido una mala lectura: Interesante y amena.
3/5