Hace dos semanas os llevé a dar un paseo y tomar el té en el País de las maravillas. Os comenté que durante un tiempo, intentaría dar un tour por mis mundos mágicos preferidos, tomando un té en cada uno de ellos y una comida que fuera especial del lugar (o al menos, que a mi me recordara mucho a ese lugar). Hoy os traigo unas fotos un poco más feillas de lo normal, pues no he tenido tiempo de ir al bosque y el resultado no ha quedado tan bonito, pero espero que os guste la receta.
La entrada de hoy tiene un mundo muy especial para mi, porque al igual que casi toda mi generación, representó un cambio literario para el resto de mi vida. Harry Potter hizo de mi afición a la literatura una adicción y fue, seguramente, la primera vez que aprendí a introducirme en el mundo de la novela. Fui muy fanática de esta saga, pese a que con el tiempo he visto que no tiene la calidad que imaginaba de pequeña. Aún así, el mundo creado por J.K.Rowling es ideal para hacer soñar a los más pequeños y para la nostalgia de los más grandes.
| Como os he comentado, las fotos no han quedado lo que se dice bonitas |
El pastel es un bundt cake o pastel marmol (un intento, al menos) de calabaza con chocolate. Cuando tenía siete añitos leí por primera vez Harry Potter y desde entonces siempre he asociado la calabaza con la saga. Por eso, cuando empecé la subsección de La hora del té en Dime lo que comes, quise traeros a Hogwarts con una pastel de calabaza. En este caso, el añadido de chocolate le da un toque dulce que le queda muy bien, aunque al usar nocilla no acabó de quedar, ni visualmente ni de textura, como yo quería. Este pastel también es ideal para aprovechar Halloween, celebración que también se asocia a la calabaza.
El té es un Earl Grey típico de Inglaterra, donde está situado Hogwarts. Sí, podría haber puesto una cerveza de mantequilla o algo así, pero ya me gustaría a mi poderla probar (aunque tengo que admitir que, por el nombre, no tiene muy buena pinta).
| Tengo todos los libros, pero me ha parecido más adecuado poner el primero. |
La receta es bastante fácil de seguir y espero que os animéis a hacerla, porque queda muy bien. La leí en: Que cosa tan dulce y me decidí a hacerlo, aunque cambiando algunas especias (por favor, no comparéis fotografías, que yo no estaba especialmente inspirada y las de este blog son preciosas).
- 375 gr de harina
- 200 gr. de azúcar moreno
- 200 gr. de margarina
- 125 cl. de leche
- 2 huevos L
- 300 gr de calabaza
- dos cucharaditas de levadura
- una cucharadita de bicarbonato
- una cucharadita de canela
- una pizca de nuez moscada
- Nutella a mansalva
Preparación:
Por un lado, mezclamos los ingredientes secos (harina, levadura, bicarbonato y especias) y por otro lado, mezclamos batiendo bien el azúcar moreno con la margarina, hasta que quede una masa cremosa. Añadimos entonces la calabaza en puré y mezclamos bien. Añadimos entonces los dos huevos, uno a uno, mezclando para integrarlo bien.
Batiendo a velocidad muy baja, añadimos la mitad de los ingredientes secos, la leche y el resto de los ingredientes secos en este orden, mezclando siempre bien para que quede la masa integrada sin grumos.
Apartamos la batidora y, en el bol, añadimos la nutella. Yo recomiendo calentarla antes para que quede totalmente líquida, porque tuve problemas para mezclarla al estar muy compacta. Abocamos la masa al molde, previamente preparado con mantequilla o margarina para que no se pegue y mezclamos, muy poco, para darle ese aspecto de mármol que yo tan pobremente he conseguido.
Metemos el pastel en el horno, previamente calentado a 180 grados, y lo dejamos hasta que, al pincharlo, el palillo quede seco. Dejamos enfriar unos minutos y desmoldamos. Podemos decorar como queramos, por ejemplo, añadiendo nutella en la superficie.