Quizá haya comentado alguna vez el amor que siento hacia Patrick Rothfuss. Quizá no. Al leer sus libros mucho antes de que abriera el blog, no he tenido oportunidad hasta ahora de dedicarle una entrada. Pero ahora puedo decirlo: Estoy enamorada de las historias de Patrick Rothfuss. Cuando me enteré, hace ya meses, de que iba a publicar una novela dedicada a Auri, sabía perfectamente que iba a leerla. Me daba igual que eso retrasara el último libro de su triología, tenía tantísimas ganas de adentrarme en la Subrealidad que las dos semanas que tardé en comprarme el libro fueron una tortura. La tercera, que tardé en abrir el libro, un infierno. Pensaréis que estoy exagerando, pero a veces la responsabilidad hace que nos inclinemos hacia ciertas lecturas antes que otras. Por suerte, pude adentrarme bien en la novela de Auri, con el ambiente y el momento adecuado.
Pero La música del silencio no es un libro normal y por lo tanto, no merece una reseña normal. Ya de entrada, no podría hacer un resumen del libro, hablaros del hilo de la trama o comentar la profundidad de los personajes. Todo eso es inútil cuando se habla de este libro. Así, voy a intentar enfocar la reseña de otra manera.
Ya conocéis a Auri. La hemos visto como un personaje misterioso y lleno de sensibilidad en sus pocas apariciones en El nombre del viento y El temor de un hombre sabio. Un personaje quizá no tan notable como el resto, pero que tiene una importancia muy notable para Kvothe. Si no conocéis a Auri, ya os puedo adelantar de que esta novela no es para vosotros. Esta novela es una escalera hacia las profundidades de la obra literaria de Rothfuss. Ideal para recorrerla a fondo, pero no para conocerla. El propio autor nos advierte de eso al empezar el libro.
Auri es la protagonista de este libro y el único personaje. A través de varios días, vamos viendo como Auri se prepara para la llegada de él. Interacciona con su mundo, independientemente de que este esté, a ojos del resto de humanos, "inanimado". Para Auri tiene vida, sensibilidad, empatía. Todos los objetos tienen su voz. Además, Auri es un personaje solo. Roto. Un personaje que intenta vivir conforme sus ideales, aunque estos sean diametralmente opuestos a los del resto. Y Rothfuss es un artista en mostrarnos su dulzura, su tristeza o su belleza. Pero también es un artista en enseñarnos la voz de la Subrealidad y todos sus rincones, todos sus habitantes.
La pluma de Rothfuss es la ideal para crear una historia así. Se dobla, se estira y acorta como el autor quiere, nos muestra, cual calidoscopio, todos los destellos y la belleza de la historia. La llena de magia. Es curioso como algunos autores logran, con las mismas palabras, llegar mucho más hondo que cualquier otro, emocionar. Una prosa poética que los que hayáis leído los anteriores libros conoceréis bien, pero que se mejora y pule aún más en este libro.
En resumen, y sintiéndolo por esta reseña tan atípica, este no es un libro para cualquiera, como avisa Rothfuss. No hay personajes, no hay diálogo, no hay nada de lo que una historia normal considera necesario. Pero no importa. Rothfuss logra adentrarte en ese mundo sin la necesidad de todo eso. Como dice el propio autor, aquellos que estén rotos por dentro, aquellos que sientan que a veces no están completos, este libro es para ellos.
5/5