Una parte de mi no quería escribir esta reseña. O más bien, la encontraba
inútil. Seis de cuervos, novela juvenil de Leigh Bardugo, ya tuvo muchísimas
reseñas positivas en su momento y no estoy segura de que esta pueda aportar
algo. Pero de la misma forma que este blog nació cuando tenía ganas de hablar
de las lecturas que iba haciendo, me he encontrado con ganas de poder hablaros
de Seis de Cuervos y de lo mucho que me ha sorprendido y gustado. Así que
aunque ya hayáis leído miles de reseñas que hablan maravillas de la bilogía de
Bardugo, dejadme aportar una más. Os prometo que merece la pena.
Bargudo nos traslada a Ketterdam, una ciudad claramente inspirada en
Amsterdam, más concretamente nos traslada a los bajos fondos de esta capital,
donde Kaz Brekker reina una banda de ladrones y criminales. Kaz es joven, pero
ha escalado rápido y todos conocen su sobrenombre: Manos negras. Al recibir el
encargo de robar la prisión mejor custodiada del mundo, Kaz no ve algo
imposible, sino una posibilidad por la que vale la pena arriesgarse. De esta
manera, reunirá un equipo pequeño pero eficiente de criminales con los que
poder realizar este golpe.
Se ha comparado varias veces Seis de cuervos con Ocean’s Eleven y la
película claramente tiene su influencia en el libro. En ambos casos la trama
gira alrededor de entrar en un lugar impenetrable a cambio de una suculenta
fortuna. Sin embargo, Seis de Cuervos pierde ante la película cuando se trata
de estrategias criminales. La parte en sí de la prisión es corta, comparada con
el resto, y aunque tiene su importancia, Bargudo no se dedica a describir con
precisión los trucos que usan Kaz y sus compañeros.
Y eso es porque el libro está centrado en sus personajes. Aunque la trama
es atractiva y ágil (el libro se devora rápidamente), el peso de toda ella cae
en sus personajes. Y es aquí donde Bardugo hace la magia, pues es capaz de
construir a estos seis personajes y hacerlos interaccionar de manera natural y
realista, haciendo que el lector no solo empatice con ellos, sino que quiera
saber más de ellos. La variedad entre sus personalidades, sus habilidades y sus
historias es también interesante y Bardugo hace el esfuerzo de mostrarlas todas
(aunque hay ciertos personajes que tienen un protagonismo más claro). Esto
también viene ayudado con el hecho de que es una novela coral y cada capítulo
está visto desde el punto de vista de un personaje u otro.
Bardugo muestra de esta manera que se puede hacer fantasía juvenil de
calidad. Y de hecho, es quizá esa etiqueta la que más le pesa al libro, pues da
la sensación de que los personajes tengan una edad menor solo para poder ser
considerada literatura juvenil (como si los jóvenes no pudieran leer sobre personajes
mayores de 18 años). Algo que desentona con el resto de la novela, pero que
apenas molesta durante su lectura.
En conclusión, si aún no os habéis acercado a Seis de cuervos, os
recomiendo que lo hagáis. Tanto si os gusta o no la literatura juvenil, es una
novela redonda y muy bien trabajada, con una narrativa elaborada y personajes
muy bien construidos. Y no sé vosotros, pero para mi estas son razones suficientes para leer una novela.
Otras reseñas:
In the never never
Sense of wonder
Detrás del conejo blanco
Rapsodia Literaria
Geek Furioso de la Literatura
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