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En el Ágora #5: La selección natural de la literatura

miércoles, 22 de octubre de 2014

Ya toca un nuevo En el Ágora, y de nuevo, como cada vez, tengo dudas de cual colgar. Por un lado, había pensado en el que os presento hoy, que parece una continuación casi natural al anterior En el Ágora, pero también pensé que quizá sería mejor postear una entrada completamente diferente que hace ya un par de semanas que tengo preparada. Ha ganado mi vena biológica, el titulo molón y el tema que, creo, os podrá interesar más. 
Cuando me refiero a la selección natural, no me refiero, por supuesto, al libro de Darwin ni nada biológico. Es una forma de hablar y un concepto que creo que se adapta muy bien al mundo editorial de hace ya unos años y el actual. En el En el Ágora de hace dos semanas, hablábamos de las modas literarias y de como estas podían influir al tipo de literatura que se vendía en las librerías, independientemente de la calidad del libro. Me encantó ver todos vuestros comentarios y ver que la mayoría coincidían bastante conmigo. Este debate va un paso más allá para hablar de la calidad. 

La calidad literaria es un tema del que se ha discutido muchísimo. ¿Qué parámetros podemos usar para discernir un libro bueno de uno malo? ¿Cómo podemos decir que un libro es bueno de forma totalmente objetiva? Yo creo que esto es bastante complicado, no solo para gente amateur como nosotros, sino hasta para los propios críticos profesionales. Hay muchos factores que entran en esta cuestión, no solo el de calidad literaria de la pluma en sí, también la manera de llevar la trama, la evolución y realismo de los personajes o hasta el tema de trasfondo de esta. 

Sin embargo, creo que una de las formas mejores de determinar la calidad de un libro es la que nos concierne hoy: la selección natural librera. Si vas hacia el pasado, si ves los índices lectores de años atrás, de decenas de años atrás, el proceso editorial ya estaba casi tan loco como ahora y se sacaban ejemplares (por fasciculos, pero al final acababan uniéndolos en libros) de novelas que no hemos oído hablar en nuestra vida. Muchas de estas novelas que no han pasado a la posteridad. Por supuesto, muchas otras se han vendido siempre, desde que salieron hasta la actualidad, sin se de mala calidad, obras de Dickens o Christie. Pero otras pasaron si pena ni gloria en la época y ha sido solo el tiempo el que le ha hecho justicia. 

Lo que quiero decir es que al final, el tiempo hace una selección natural de las obras que merece realmente la pena conservar, porque con el tiempo la gente, que lee el pasado, puede darse cuenta de que merece la pena salvarse y que no. Porque en el momento actual, igual que en el pasado, las modas literarias marcan la tendencia lectora del momento, pero no la calidad. 

¿Qué libros leerán de aquí 50 años? ¿Cuales de los miles de títulos editoriales actuales se salvarán de esta criba natural y cuales caerán en el olvido? Ya podemos ver el rastro de esa selección natural si miramos para atrás, hacia años en los que ya estabamos vivos, pero cuando las inquietudes lectoras eran otras. No vamos a ver El codigo Da Vinci en las librerías de aquí 50 años. La selección natural se encargará de ello.

¿Somos entonces, nosotros, incapaces de darnos cuenta de la calidad de una obra? No creo que eso sea cierto, los parámetros con los que se escogen los clásicos también cambian con el tiempo y quizá algunas obras que ahora consideremos mediocres puedan pasar también a la posteridad por mostrar el mundo actual con fidelidad o por otros parámetros que se consideren en el momento. Como dije en la anterior entrada, lo importante es que la gente lea. Pero también es importante, creo yo, que sepa distinguir la calidad de lo que está leyendo. Y eso, quizá, es el ejercicio que nos falta hacer a todos. De aquí dos semanas os traigo el En el Ágora final de estas reflexiones sobre las modas y la calidad. Espero que os haya gustado el debate.