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Kirinyaga de Mike Resnick

martes, 21 de noviembre de 2017


Hay veces que un libro te entra por su portada. Aceptémoslo, nos encanta la belleza y cuando una ilustración de una portada nos enamora, el libro nos entra por los ojos. Y lo necesitamos. Eso me pasó con Kirinyaga (a mi y a muchísima gente, seguro) con la maravillosa portada de Enrique Corominas. Pero que conste en acta que no solo me dejé llevar por la primera impresión: después de leer la sinopsis y sabiendo que Mike Resnick es un autor interesante, Kirinyaga tenía todos los puntos para acabar en mi casa.

Kirinyaga nos habla de un futuro lejano en el cual es posible terraformar otros planetas y conectarlos fácilmente con el nuestro. A través de un programa de utopías, varios kikuyus deciden trasladarse a Kirinyaga, un mundo eutópico que pretende conservar la cultura ancestral de esta tribu que se ha perdido en la Tierra real. Buscan, de esta manera, volver a sus raíces y por ello crean una sociedad que simula a la perfección la sociedad kikuyu previa a la colonización europea.

Aunque Kirinyaga es una novela, está estructurada (y se escribió) como una antología de varios relatos. Cada uno de los capítulos o relato tiene como protagonista a Koriba, el mundumugu (por decirlo de alguna manera, sacerdote o sabio) de la utopía. Koriba es un personaje muy devoto a la causa y a través de los relatos podemos ver como se enfrenta a varios dilemas morales que responde buscando la tradición enfrente de la razón. Resnick logra, de esta manera, una utopía muy ambigua en la que crítica esa melancolía hacia los tiempos pasados. Sí, los tiempos pasados fueron mejores en algunas cosas, pero en otras eran temibles. En la novela  se estudia la inflexibilidad de Koriba frente a los cambios que una sociedad sana hace sí o sí: la crítica a la inmovilidad.

La estructura en diferentes relatos hace que haya, como en cualquier antología, altibajos. La trama sigue un hilo conductor, pero algunos de los relatos son más flojos mientras que otros son excelentes. Quiero recalcar, por ejemplo, el segundo relato del libro, “Pues el cielo he tocado”, un relato en el que Koriba acoge como aprendiz a una niña kikuyu.

Además de los relatos, el libro está formado por dos partes contrapuestas entre sí. De los relatos de Kirinyaga pasamos a los relatos de Kilimanjaro, una utopía similar a la de Koriba pero que traslada la acción a otro mundo eutópico que imita la idea pero se contrapone a sus formas. Quizá por eso mismo me resulte algo sobrante, pues aunque es interesante contrastar la manera en la que solucionan los problemas con una mentalidad u otra, la crítica y la reflexión que pretende Resnick con Kirinyaga pierde fuerza ante Kilimanjaro.

Resnick se atreve con un tema interesante y muy original. No hay mucha ciencia ficción ambientada en África y Resnick, mediante los relatos, logra plasmar muy bien la tradición oral de dicha cultura. No solo con la multitud de cuentos que se van mostrando en los varios relatos, sino también con los mensajes que estos transmiten. Resnick logra hablar de un tema duro y difícil sin caer en clichés baratos ni en una visión muy occidentalizada del problema.

En conclusión. Resnick lleva la ciencia ficción sociológica a otro nivel con Kirinyaga y eso se muestra en las numerosas nominaciones a premios que tienen los relatos que contiene el libro. Aunque su estructura de fix-up hace que sea una lectura con algún altibajo, los temas que trata y la sensibilidad con que los trata hacen de Kirinyaga una novela excelente.  Un libro muy original y muy bien escrito que merece la pena leer, no solo por su aspecto físico, sino también por lo que guarda en su interior. 

Otras reseñas del libro:
Sense of wonder
Dreams of Elvex

Futuros perdidos de Lisa Tuttle

martes, 28 de febrero de 2017



¿Sabéis cuando un libro os enamora por su portada? Estoy segura de que alguna vez os ha pasado, eso de ver un libro y pensar: tiene que ser mío, da igual de qué vaya. Aunque nuestra parte racional se imponga a ese primer instinto y vayamos a descubrir su sinopsis o leamos reseñas del libro para saber un poco más, ese sentimiento de posesión sigue en nuestro interior y al final, estos amores a primera vista suelen acabar en nuestras estanterías. Se podría decir que Futuros perdidos de Lisa Tuttle es exactamente eso para mi: Cuando vi la portada de Enrique Corominas, no pude evitar pensar que necesitaba el libro. Y aunque no pude comprármelo en la Eurocon (y por lo tanto, no lo tengo firmado. Sí, lo sé, yo también me fustigo mentalmente por eso), lo he disfrutado de la misma forma.

Clare Beckett tiene una vida aburridamente mortal. Sin pareja, con un trabajo que no le importa una mierda y un pasado que la atormenta constantemente, la vida de Clare se mantiene en un precario equilibrio que considera irrompible. Sin embargo, este se desequilibrará en el momento en que Clare empiece a soñar en las vidas que podría haber tenido si hubiera tomado decisiones diferentes. Unos mundos paralelos que la persiguen y atormentan.

En esta novela, Lisa Tuttle deja de lado la mecánica de los mundos paralelos (aunque hace un amago de explicar la física detrás del fenómeno) para centrarse en las sensaciones del personaje, en ver como estos mundos paralelos que Clare puede ver pero no tocar afectan a su vida ya hecha polvo. Esto hace que la creación del personaje sea magnífica y llega un momento en que sientes, piensas y vives como siente, piensa y vive Clare. Esta implicación emocional es importante y uno de los puntos fuertes de la novela. Clare es por lo tanto la protagonista de la novela y la estrella de esta. Sin ella, la novela no se sostendría.

Por otro lado, la excusa de los mundos alternativos le sirve de hoja en blanco a Lisa Tuttle para hablar de las consecuencias de las decisiones, de las elecciones que hacemos todos día a día. Hay un momento que un personaje le dice a Clare: “Incluso no elegir es una elección” y esa es en parte la filosofía de la novela: todo nos lleva por caminos diferentes, siempre hay una encrucijada que tendremos que sobrepasar. Clare se recrea en esas encrucijadas pasadas y eso hace que viva una vida plagada de remordimientos y heridas sin cerrar. Unos remordimientos que llevaran a Clare al borde de la locura y que harán que el lector se plantee si realmente Clare es capaz de soñar y recordar todos esos futuros perdidos o es que se está volviendo loca. Este agobio está muy bien plasmado sobre la novela y se nota en cada una de las páginas del libro.

Además, a todo eso ayuda el hecho de que Lisa Tuttle es una excelente escritora, no solo una excelente narradora. La prosa es magnífica y la musicalidad de su forma de escribir se adapta totalmente a la historia. La historia no funcionaría si Clare no fuera un buen personaje, construido y coherente y también común para que el lector pueda sentirse más unido a él. La historia tampoco funcionaría sin esa escritura maravillosa de Tuttle, que consigue transmitir perfectamente la paranoia, el agobio y el miedo de haber tomado las decisiones incorrectas.

En definitiva, es una alegría ver que Gigamesh se ha animado a publicar una novela de la autora y esperemos que esto abra las puertas a más novelas de Lisa Tuttle, porque es la primera que leo y espero fervientemente que no sea la última. 

Otras reseñas del libro:
Boy with letters
Sagacomic
La nave invisible