Rosalera de Tade Thompson

lunes, 20 de mayo de 2019


Me gustan mucho las historias de primer contacto. Sí es verdad que es una fórmula que se ha usado en demasiadas ocasiones y muchas veces se hace repetitiva. Pero de vez en cuando aparecen novelas como Rosalera de Tade Thompson, estrellas que brillan con más fuerza en el firmamento. Y es que Thompson escribe un libro de primer contacto, pero hay tantísimos temas e ideas que entran en juego que definirla así es quedarse muy corto. Publicado por Runas y traducido por Raúl García Campos, Rosalera es de todo, excepto convencional.

Nigeria 2066. Rosalera es una ciudad que ha surgido gracias a la cúpula alienígena que la cubre y que, una vez al año, se abre para curar a los enfermos que viven cerca del lugar. Pero la invasión alienígena ha tenido más efectos en la población y han surgido los sensibles, gente capaz de entrar en la Xenosfera y sentir los pensamientos e ideas de la gente. Gracias a eso tiene dos trabajos: Uno, que actúa más bien como tapadera, en el banco. Y otro, como agente del gobierno.

Es imposible catalogar a Rosalera en un solo género. Tade Thompson ha querido usar todos los elementos a su disposición, por lo que en algunas partes se convierte en una novela de ciencia ficción al uso, pero en otras tiene toques de thriller, de misterio, de miedo… Thompson no tiene miedo de introducir ideas muy dispares y hacer un mix que, en teoría, no debería funcionar pero que a la práctica, cuaja muy bien. Así, en la historia aparece cultura africana, pero también zombis (aunque no los llamen así). Aparecen alienígenas y poderes sensoriales. Aparece la religión y el gobierno. Y aunque todo este derroche de imaginación es uno de los puntos fuertes de la novela, también es por donde más falla, pues en ocasiones la trama se dispersa demasiado.

Sin embargo, en general, está muy bien llevada gracias a los constantes cambios temporales. Y es que mientras leía la novela, constantemente estaba acordándome de Beyond Two Souls. El videojuego de David Cage no tiene una trama tan elaborada, pero usa la misma estructura para construir su historia: una estructura que tira hacia adelante y hacia atrás indistintamente. Sin embargo, Thompson lo hace mejor, con un cierto orden, y llegamos a ver tres tramas paralelas que se van alimentando entre ellas. Sí es verdad que en alguna ocasión he tenido que tirar atrás para recordar qué pasaba en qué momento temporal, pero en general esta división de tramas actúa en favor de la novela,  ya que siempre te deja con ganas de leer más.

Otro de los motivos por los que la novela funciona es por Kaaro. Es el personaje principal de la novela y aunque en algunas ocasiones tiene elementos de héroe prototipo, en general es un personaje muy bien construido, con muchas capas que vamos descubriendo a medida que avanza la historia. Al poder ver líneas temporales diferentes, también podemos ver cómo ha evolucionado a lo largo de su vida y su conociendo su trasfondo, nos interesamos más en su ahora. Esto hace también que los pocos personajes secundarios que salgan sean, en su mayoría, muy anecdóticos (excepto quizá Femi y Aminat).

En conclusión, Rosalera es una novela de ciencia ficción interesante, que habla de muchos temas y lo hace a través de la voz narrativa cínica de Kaaro. Muy bien escrito, te atrapa desde las primeras páginas y ya no quieres soltarlo hasta las últimas palabras. La mezcla de elementos a veces se hace algo abrumadora, pero en general funciona bien. Si tenéis ganas de leer una novela completa, ágil e interesante, no dejéis escapar Rosalera.

Otras reseñas:
Donde acaba el infinito
Neo Nostromo
El caballero del árbol sonriente
In the never never

La danza del gohut de Ferran Varela

lunes, 6 de mayo de 2019


Hace poco anunciaba en el blog la intención de hacer, por tercer año consecutivo, el Proyecto Celsius. Una iniciativa en la que Alex Páez y yo os queremos reseñar algunas de las obras de autores que van a estar presentes en el festival. El honor de iniciar este proyecto lo tiene la novela corta de Ferran Varela, La danza del gohut. Una historia de la que se ha hablado mucho y no es para menos; Varela entra con fuerza en el panorama de género español y esta es una de sus cartas de presentación. Como ya sabéis, podéis leer también la reseña de Alex en su blog Donde acaba el infinito. Vamos allá:

Leara es una joven plebeya que ha conseguido, tras sangre y sudor, llegar al puesto de tutora de la Academia de Tiuma. Un puesto raramente dado a una mujer y menos una mujer de su estatus. Esa peculiaridad es la que llama la atención del Plenipotenciario de la ciudad, Derold Novon, para contratarla. ¿Su misión? Rehabilitar y curar al heredero de los Novon, Gerrin, perdido y capturado cuatro años atrás por un grupo gohut.

Con pocas líneas, Varela logra trazar, ya desde el principio de la novela, la ambientación que rodeará a los personajes. No necesita demasiado, pues es una ambientación que usa tópicos de otras novelas que hemos leído. Sin embargo, el autor logra darle toques únicos que separan Tiuma de otros mundos de fantasía. Uno de esos toques son los gohut: una especie inteligente que, desde el punto de vista humano, es vista como una plaga que hay que eliminar. El choque de culturas que esto supone se ve representado en Gerrin y Leara. El primero, renacido como gohut después de su tiempo de cautiverio, la segunda, habiendo vivido toda su vida en Tiuma. Este contraste es interesante y es uno de los leiv motiv de la novela.

De esta forma, Varela construye una historia reflexiva, en la que los diálogos y las relaciones personales tienen más poder que la acción. Vemos como la relación entre GerRin y Leara se va afianzando. A través de las conversaciones que tienen ambos, no solo podemos visualizar el mundo, las dos culturas y sus fallas. También podemos leer el mensaje de libertad y colonialismo que quiere transmitir el autor. La idea equivocada de que la civilización y todo aquello humano es mejor y más avanzado solo por ser humano.

Al ser una novela tan reflexiva, los personajes tienen mucha importancia. Son pocos (los dos nombrados y los familiares de Gerrin), pero suficientes para que la novela funcione. Sin embargo, y también a causa del poco espacio que tiene para explayarse, la evolución de Leara, el personaje principal, se me hace algo forzada y precipitada. Es un qué importante, pues me ha desenganchado de la historia a mitad de la novela.

La danza del gohut es un libro potente, con un mensaje interesante, una ambientación muy bien construida con cuatro pinceladas y personajes interesantes. Si bien este último detalle comentado me ha sacado un poco de la lectura, sin duda la he disfrutado y la recomiendo a todo aquel que tenga una tarde para adentrarse en Tiuma y bailar, en libertad, la danza del gohut.

Otras reseñas:

Cero de Kathe Koja

jueves, 2 de mayo de 2019



Ya he declarado en anteriores reseñas lo mucho que admiro el trabajo que está haciendo Biblioteca de Carfax para acercar el terror a un público diferente. Era necesario que naciera una editorial así, una alternativa al terror más clásico de Valdemar (que es una gran editorial también, con un gran catálogo) y que a su vez, rescatara clásicos del género como el que vengo a hablar hoy: Cero de Kathe Koja. La edición es tan preciosa como las anteriores, con portada de Rafael Marín y traducción de Pilar Ramírez Tello.

Nicholas es un joven que parece de vuelta de todo. Trabaja en un trabajo de mierda que le permite pagar el alquiler y el alcohol, escribe poesía infecta y no hace mucho más con su vida. Hasta que, junto con Nakota, una amiga y ex-amante, descubre un agujero negro en el almacén de su edificio. Lo que al principio es un hallazgo fascinante se va convirtiendo, poco a poco, en una obsesión oscura.

Uno de los puntos fuertes de esta novela y el más importante en cuanto a meternos en la ambientación, es el punto de vista narrativo. Koja nos mete dentro de la mente de Nicholas y casi parece que sea literalmente: la forma de escribir y narrar el libro está en forma de monólogo interior (o stream of consciousness). De esta forma, solo conocemos a Nakota de forma indirecta, a través de los ojos de Nicholas, y sin embargo, es evidente que es la verdadera protagonista de la historia: La fuerza que conduce la trama. Esto es especialmente potente, pues Nakota es un personaje despreciable: egoísta, despreciable, incapaz de pensar en las consecuencias de sus acciones. Un tipo de personaje que no vemos como punto central de una novela y que a su vez, consigue que Cero sea aún más interesante. 

La otra fuerza que conduce la trama es el propio agujero negro. Koja usa este elemento de forma muy inteligente y, como lectores, somos conscientes de su extrañeza, de la misma forma que lo son Nicholas y Nakota. Sin embargo, el terror viene a través del desconocimiento, de la incapacidad que tienen los personajes, y nosotros con ellos, de aprehender qué es el agujero negro y como funciona. La ignorancia es la fuente principal del terror, como también lo es la incapacidad por alejarse de la influencia del agujero negro. Los personajes se sienten constantemente atraídos por él y el hecho de no saber qué hay más allá solo aumenta esta atracción.

Este libro es un viaje a los infiernos más profundos. Un viaje que hacemos con Nicholas, mientras el resto del mundo se va desmoronando. La degradación del personaje se corresponde directamente a la degradación de la narración y eso atrapa con aún más fuerza al lector. Más que un terror físico, tangible, lo que provoca Cero es una sensación de incomodidad que deja los pelos de punta, pero que te engancha a sus páginas sin remedio.

En conclusión, este es un libro extraño, en  el cual es fácil de entrar, pero difícil de salir. Un libro escrito con una fuerza extraña (y maravillosamente traducido por Pilar Ramírez Tello, tengo que añadir), que te atrapa e incómoda. Una de esas historias que a través del morbo, el asco y la curiosidad, logran atraerte. Sin duda, si os buscáis un libro de terror diferente, Cero es una muy buena opción.

Reseñas del libro:

Proyecto Celsius 232 Vol 2019

lunes, 15 de abril de 2019


Julio se acerca peligrosamente y yo aún con estos pelos.  Para los que no lo sepan, el Celsius es un festival de literatura de género que se celebra en Avilés una vez al año. Suele ser en julio y suele atraer a mucha gente amante de este tipo de literatura, pues además de una gran cantidad de autores invitados, el festival tiene un programa muy completo e interesante para llenar los 4 días que dura. Normalmente este proyecto lo empezamos antes, y tenemos más tiempo para seleccionar lecturas y planificar reseñas. Sin embargo, este año nos ha pillado un poco justo. Pero que la premura no os engañe, Alex Páez (Donde acaba el infinito) y yo seguimos igual de motivados que siempre para leer y reseñar novelas de los autores que vengan al proyecto Celsius. Si me seguís desde hace un tiempo, sabréis que este es un proyecto que hacemos cada año.

El proyecto consiste en leer obras de los autores invitados. Hemos seleccionado los autores que más nos interesan para leer sus obras. Las marcadas en negrita son las que Alex y yo vamos a leer conjuntamente y que vamos a intentar reseñar antes del festival. En color, los libros ya leídos cuya reseña podéis leer dándole al link. Y el resto son libros que quiero leer de cada uno de los autores invitados. Como podéis ver, un proyecto bastante ambicioso. Las obras que leeremos este año son: 


Johanna Sinisalo
El núcleo del sol


Ferran Varela
La danza del gohut
El arcano y el jilguero


Anna Starobinets
La glándula de Ícaro
Una edad difícil
El vivo
Refugio 3/9


Guillem López
El lago negro de tus ojos
Challenger
La polilla en la casa del humo
Arañas de marte
El último sueño

José Antonio Cotrina
La sombra de la luna
Las fuentes perdidas
La canción secreta del mundo
Ciclo de la Luna Roja (próxima reseña)

Sarah Pinborough
Detrás de sus ojos


Joe Abercrombie
Antes de que los cuelguen
Medio Rey
Medio mundo
La voz de las espadas

Tade Thompson
Rosalera (próxima reseña)


Adrian Tchaikovsky
Spiderlight (próxima reseña)
Herederos del tiempo


Jesus Cañadas
Pronto será de noche
Las tres muertes de Fermín Salvochea
El ojo de Nefertiti

Grupal: 0/4
Personal: 1/15

La curación de Miguel Cordoba

miércoles, 10 de abril de 2019


Voy a ser muy sincera: Yo no elegí leer el libro que reseño hoy, La curación. Él me eligió a mí… Es broma, en realidad, quien eligió el libro fue Bandinelli para el programa de Tres Marcianos y medio. Y la verdad es que entré en la lectura sin ningún tipo de expectativa. No conocía el libro, ni la sinopsis, ni nada. Así que cuando me metí tan de lleno entre sus páginas, me cogió totalmente por sorpresa. He tardado (lo leí en enero), pero este libro merecía una reseña. Vamos a hablar hoy de La curación de Miguel Córdoba.

Hacer una sinopsis de este libro es complicado. En él se entrecruzan dos líneas argumentales, a cual más rara. Por un lado, tenemos a Magie, una niña que nace con un hilo negro ligado a su dedo, un hilo que nadie más, excepto ciertas personas especiales, pueden ver. Además, tiene la capacidad de ver más allá de nuestro plano existencial y sufre premoniciones y puede ver muertos. En contraposición, la historia nos traslada a Nebraska, donde Dios es Anna, una niña de 9 años que sufre depresión y tendencias suicidas.

Ya podéis ver en la sinopsis que este es un libro raro. Y sin embargo,  el autor le da un aire de costumbrismo parecido al que se podría encontrar en cualquier Gran Novela Americana. Las influencias de esta clase de obras hacia La curación no es solo a nivel de estilo, sino también a nivel de trama. Vemos las penurias que sufre una familia y también como estas penurias logran unirlas más allá de los lazos sanguíneos. Vemos como el personaje principal va madurando, cambiando, equivocándose. Porque sí, hay una trama fantástica en el libro, pero Córdoba no olvida que quiere escribir sobre personajes y deja que estos sean los que hablen durante todo el libro. Es quizá por eso que la novela tiene una presencia tan fuerte: logra que empatizamos y suframos con Magie, aunque las situaciones que ella vive nos sean totalmente ajenas.

Y aunque he comentado por encima el estilo, en La curación este es un tema a destacar. Y es que la prosa de Miguel Córdoba es delicada, casi milimetrada. Parece que cada palabra está pensada para indicar o transmitir y que no sobra ni falta ninguna. Esto es algo difícil de conseguir, por supuesto, pero es que además Córdoba logra que la lectura se haga amena y rápida.

Pero teniéndole que sacar algún pero a la novela, todo  esto que he comentado anteriormente se refiere sobre todo a la línea argumental de Magie. La línea de Anna está más cogida con pinzas y cuesta entrar en las reglas que rigen la novela. Es interesante, sí, pero en algunas ocasiones lo encontré demasiado filosófico para mi gusto. Aún así, el momento en el que ambas líneas temporales se unen es ideal y Córdoba ha construido todo el libro para llegar a ese momento, por lo que no decepciona en absoluto. Sí, los fragmentos de Anna se me hacían más pesados, pero tampoco podría imaginarme el final de esta novela sin ellos, por lo que no podría decir que sobren.

En conclusión, La curación ha sido una lectura que me ha cogido por sorpresa y que me ha encantado. La disfruté desde la primera palabra (más concretamente, desde el prologo de Darío Vilas) y eso no cambia durante toda la novela. Es una pena que no se esté hablando tanto de ella, pues la verdad es que lo merece. Si con esta reseña puedo conseguir que al menos alguno de vosotros le dé una oportunidad, ya me daré por satisfecha.

Otras reseñas:
Tres marcianos y medio
Crónicas literarias

Leer en viñetas: cómics de invierno 2019

viernes, 5 de abril de 2019


Se acaba el invierno y con la llegada de la primavera, llega también la llegada de una nueva entrada para esta sección. Es curioso que, cuanto más ganas tengo de leer cómics, menos tiempo tengo y lo que esperaba que fuera una lista más larga, ha acabado siendo, como la primera ocasión, una lista de tres cómics. Sin embargo…. ¡Qué cómics! No me adelanto más, vamos a hablar de mis lecturas comiqueras de invierno.

Leñadoras de Brooke A. Allen, Grace Ellis, Noelle Stevenson y Shannon Watters (Sapristi comics)

Tengo que admitir que tenía ganas de leer este cómic desde que, hace un par de años, lo vi en inglés en Gigamesh. He tenido suerte de que Tatiana lo tenía en su estantería y se lo pude robar una mañana. Y la verdad es que es ideal para leer en una de esas mañanas de domingo en las que no te apetece hacer nada y el sol brilla con fuerza. Es una historia dulce, rápida de leer, entretenida y con personajes emblemáticos que se te quedan grabados en el corazón. Sin pretensiones, un cómic que pretende ser una puerta de escape a nuestra vida aburrida y que nos traslada a la naturaleza, a la juventud y a la magia que surge al mezclar ambas cosas. Y tiene gatetes, no sé qué más puedo decir para convenceros a que lo leáis. El dibujo es excelente y muy adecuado para la historia que quiere contar.

Cuéntalo de Emily Carroll y Laurie Halse Anderson (La Cupula)

Y pasamos de una historia alegre y llena de verano para hablar de Cuéntalo, un comic sobre la depresión y los abusos sexuales. Por un lado, este cómic me llamó la atención por su estética, más que por su temática, pero leyéndolo descubrí que, en este caso, ambas cosas están tan ligadas que, sin la otra, no funcionaría como funciona. El arte ayuda a explicar la historia y la historia deja hablar al arte cuando este lo necesita. El cómic se lee en unas horas, pero te deja el alma destrozada. Sin embargo, creo que esta clase de historias son también importantes, para hablar y visibilizar una problemática cada vez mayor.

Bellezas malditas de An Nguyen y Jane Mai (Sapristi comics)

Este es, sin duda, uno de los cómics más raros que he leído nunca. Ya de entrada, no es solo un cómic, sino que tiene fragmentos de ensayo y algunas entrevistas. Todo gira alrededor del mundo de la moda lolita, una moda que siempre me ha parecido fascinante. Este es uno de esos libros que, una vez leídos, vuelves a ellos para consultar temas o para releer fragmentos. Un esencial para todos aquellos que estén interesados en las modas japonesas y, más concretamente, en la lolita.

Como detalle, comentar que los cómics que se entrelazan con los ensayos, aunque están todos relacionados con la moda lolita, no son exactamente ensayos ni pretende ser ilustrativos. Creo que esto es un acierto, pues no solo ayuda a hacer la lectura más amena, sino que además tienen un interés intrínseco como historias en sí.

Instrumental de James Rhodes y como la música nos salva

lunes, 1 de abril de 2019



Hay veces que los libros te marcan de una manera que no puedes explicar. Y cuando te sientas delante de la pantalla en blanco, viendo parpadear el cursor, te preguntas como serás capaz de hablar de algo tan interno, tan doloroso, sin que quede superficial o estúpido. Esto me pasó con la reseña de Instrumental de James Rhodes. Estoy hablando de un libro que salió hace ya muchos años, que yo leí aún más tarde. Escribí la reseña de Instrumental sin acabar satisfecha. Os hablaba, en ella, de un tema muy duro para mí, muy personal. Y me vi incapaz de compartirlo en ese momento. Sin embargo, no he podido sacarme el libro de la cabeza. Como si las palabras de Rhodes me incitaran a hablar. Así que… aquí está. La reseña de Instrumental. Dos años más tarde. Hay cosas que se tienen que contar, aunque no lleguen a tiempo.

Instrumental es un libro autobiográfico de James Rhodes, un pianista inglés mundialmente conocido. El libro empieza con una frase que es todo un estamento: “La música clásica me la pone dura”. Una declaración de intenciones que muestran que el autor no se va a cortar un pelo en contar su vida y su pasado. Rhodes sufrió abusos durante cinco años por parte de su profesor. El libro se adentra en el después, en las consecuencias que esos cinco años tuvieron en su vida. Cuenta las lesiones físicas, las operaciones y el dolor. Sobre su incapacidad por entender las relaciones personales y sexuales. Cuenta su depresión, su caída en las drogas, su soledad. Y cuenta como, en ese pozo negro, la música clásica le salvó la vida. Por encima de unas memorias, por encima de una historia de depresión y de abusos. Por encima de todo esto, Instrumental es un homenaje a aquella música que nos cambia por dentro.

No soy músico. No puedo tocar ningún instrumento y por desgracia, nunca he hecho solfeo. Es de esas espinas clavadas que quizá nunca logre sacar. Sin embargo, sí tengo muchísima afinidad con la música. Diría que la música me ha acompañado en los mejores y en los peores momentos de mi vida. Me ha acompañado en viajes, en el amor y en el sexo, en noches y días que recuerdo con cariño. Y me acompañó también en el funeral de un amigo muy cercano. Ese día y en los siguientes, fue Rachmaninov el que me acompañó. Sin su concierto a piano número 2, seguramente habría sido incapaz  de acordarme de los buenos momentos, de recordarlo como el chico alegre y risueño que fue antes de morir. Sin su música, estoy segura de que sobrevivir aquellos primeros meses habría sido mucho más duro. 

Es por eso que Instrumental es un libro tan importante. Nos habla a aquella parte de nosotros que deja de respirar un instante cuando suena esa canción. Nos habla de cómo las cuerdas de un piano pueden sacarte del agujero negro. Instrumental es un canto a la esperanza. Pero no lo hace desde la luz, sino desde la oscuridad, desde la aceptación de que hay dolor en el mundo. Habla de sus abusos y de las consecuencias, que lo han acompañado toda su vida, sin pelos en la lengua y con el corazón en el puño. Pero sobre todo habla de de música. De Bach, de Mozart, de Rachmaninov, de Chopin. De cómo cada uno de esos compositores logró tocarle, de alguna forma, en un momento tan duro. La esperanza de la que habla James Rhodes en su novela es creíble porque hemos visto de dónde viene.

Instrumental es un libro bonito. Aunque lo que cuente en él sea horrible, la cara más oscura y monstruosa  de la humanidad, el libro es bonito. Lo es, pues Rhodes nos anima a seguir viviendo. Nos anima a sentir la música como nuestra. Y pone sobre la mesa un tema tan importante como es el de la protección de la infancia frente a los abusos. Un debate por el cual él ha luchado incansablemente desde que está viviendo en España. Por todo eso, y por mucho más, esta es una autobiografía que todo el mundo debería leer.

“Pero ahora tenía la música. Así que todo eso daba igual. Porque al fin contaba con una prueba definitiva de que todo iba bien. De que existía algo en este espantoso mundo de mierda que era solo para mí y que no tenía que compartir ni justificar, que era todo mío. Nada más lo era, a excepción de esto.”


Si aún tenéis curiosidad por la novela, hacedme el favor de leer esta pedazo reseña de Marta en su blog Leer sin prisa. Leí este libro gracias a ella y seguro que vosotros hacéis lo mismo. 

Dusk or Dark or Dawn or Day de Seanan McGuire

jueves, 28 de marzo de 2019


Seanan McGuire es, para mi, una de las autoras más prolíficas del género en la actualidad. No pasa un año sin que veamos una o dos novelas cortas suyas publicadas y, para los que, poco a poco, vamos descubriendo su obra, esto es una d elicia. Y es que a cada libro que leo de la autora, me gusta más. No puedo evitar leer sus historias ni adentrarme en sus mundos. Este es el caso de esta novela corta autoconclusiva, publicada en Tor.com, que tuve el placer de escuchar como audiolibro gracias a Scribd. 

Dusk or Dark or Dawn or Day es una historia de fantasía urbana, cuya protagonista, Jenna, es un fantasma. Jenna murió demasiado pronto, por lo que espera a que llegue su momento para morir definitivamente y, mientras tanto, ayuda como puede a los vivos de Nueva York. Sin embargo, de repente los fantasmas empiezan a desaparecer de la ciudad y Jenna se ve inmersa en la amenaza que atenaza a los no-muertos de la metrópolis.

Aunque los elementos que usa McGuire son muy comunes, como pueden ser fantasmas o brujas, la autora sabe dotar a la ambientación de un toque muy original. Como ya he dicho antes, una de las cosas que más me llaman de la literatura de esta autora es su manera de ambientar sus historias y Dusk or Dark or Dawn or Day no es una excepción. Todos los detalles que Jenna explica sobre los fantasmas, sobre las brujas y sobre el mundo en el que viven es fascinante. De hecho, usando elementos de la cultura popular, McGuire logra una ambientación original.

A esto le acompaña los personajes, algunos mejor caracterizados que otros. Yo empaticé muchísimo con Jenna, pero no sé cuánta de esta empatía viene por el personaje per se y cuanta por la gracia de la lectora del libro. En mi caso, el hecho de que la historia estuviera narrada en un audiolibro me ayudó para entrar en la novela y para conectar con los personajes. Aún así, también ayuda en esta conexión los mensajes que quiere transmitir McGuire, mensajes positivos sin por eso ser exagerados o poco duros. McGuire se aleja de los convencionalismos de la narrativa más de “autoayuda”, unos convencionalismos en los que podría haber caído fácilmente, para narrar una historia de personas, con sus problemas, sus defectos, sus dramas. Es ahí donde reside la magia de la obra y de la autora.

Sin embargo, también es verdad que McGuire tiene errores recurrentes que en Dusk or Dark or Dawn or Day no arregla. La trama se siente acelerada hacia el final y toda la introducción al mundo, a Jenna y al misterio se resuelve demasiado rápidamente. Esto provoca una sensación de desequilibrio que deja un regusto negativo, pues la novela empieza muy bien y te atrapa desde el principio, pero necesita un final más elaborado.

Esta es una novela corta, rápida de leer pero con temas interesantes y una ambientación original, algo a lo que McGuire nos tiene acostumbrados. Si tenéis mono de las continuaciones de Waynard Children, este libro es una buena alternativa. Y si os gustan las historias de fantasmas y de fantasía urbana, tampoco os la podéis perder. En definitiva, por obras como esta, y pese a sus fallos, McGuire es una de las autoras del género actual a tener en cuenta.

Otras reseñas del libro:

El cielo de piedra de N. K. Jemisin

jueves, 21 de marzo de 2019


Que la trilogía de La tierra fragmentada, de N.K. Jemisin, es una de las mejores obras de fantasía que he leído en los últimos años no será novedad para nadie. Sobre todo después de la cantidad de premios que ha cosechado. Jemisin es, por ejemplo, la primera autora en ganar tres Hugo con las tres obras de una trilogía. En su momento ya canté las alabanzas de La quinta estación y The obeliskgate, la primera y segunda parte de esta trilogía. Y con esta reseña, ha llegado el momento de poner punto y final a la trilogía. Ha llegado el momento de hablar de El cielo de piedra.

Jemisin mantiene a Essun y Nassun como co-protagonistas de la novela, mostrando sus puntos de vista y el avance de su historia de formas paralelas. Sin embargo, introduce de nuevo un tercer punto de vista, el de Hoa, que aporta información del pasado y de esta forma nos muestra cómo era La quietud antes de ser una tierra plagada de desastres naturales.

Con esto, Jemisin hace un giro hacia la ciencia ficción, aunque la novela sigue teniendo muchísmo de fantasía. Es interesante, de hecho, ver como los dos géneros se mezclan sin que la historia acabe de decantarse por uno u otro. Jemisin logra mantener un equilibrio natural, dando importancia a los capítulos de Hoa sin caer (demasiado) en el infodump y a la vez, manteniendo el misterio y a magia de los poderes de los orogenes. La autora busca cerrar todos los cabos sueltos, pero eso no impide a que el libro explore nueva realidades y abra nuevas preguntas.

Eso sí, el final está muy bien cerrado. Jemisin consigue de esta manera una historia redonda con un libro que mantiene el clímax de las anteriores partes sin perder fuelle. Sí es verdad que algunos capítulos se hacen algo más lentos y pierden el buen ritmo que tenía la primera parte, pero eso se compensa con las relaciones intrapersonales que crean los personajes. Sobre todo en la historia de Essun, Jemisin logra crear protagonistas complejos e interesantes con los que el lector empatiza inevitablemente.

Esta es una novela complicada, que continua con muchas de las incógnitas que se abrieron en el segundo libro. Aprovecha, como en los anteriores libros, para hablar de temas de actualidad, como el racismo o la apropiación cultural. Esto es interesante sobre todo en los capítulos del pasado de Hoa. La idea de que la historia se repite por que los humanos nos entestamos en caer en los mismos errores es una idea que se ve en toda la trilogía, pero con más fuerza, si cabe aún, en este libro.

El cielo de piedra mantiene el nivel de prosa que Jemisin ha escrito en los anteriores. Aparecen de nuevo los capítulos escritos en segunda persona y en esta ocasión, también hay en primera y en tercera persona. El narrador es un narrador no fiable y Jemisin no teme jugar con ello y explora todas las consecuencias y ventajas de un narrador así. De esta forma, la prosa se hace dinámica de leer y consigue engancharte, no solo por aquello que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Aquí tengo que destacar de nuevo la labor de traducción de David Tejera, que sigue siendo tan excelente como en las anteriores entregas.

En conclusión, El Cielo de Piedra es el final redondo perfecto para una trilogía como La Tierra Quebrada. Quizá no consigue el impacto que tenía el primero ni la caracterización de personajes que tenía el segundo, pero logra transmitir, alto y claro, el mensaje de Jemisin. Y a su vez, logra cerrar a la perfección todas las puertas que las anteriores novelas habían abierto. Un final ideal y potente para una trilogía que, sin duda, se queda entre mis preferidas.

Otras reseñas:

Sistemas críticos de Martha Wells

martes, 5 de marzo de 2019



En los últimos dos años, he visto como poco a poco las editoriales españolas iban apostando más por novelas cortas, un formato que hace unos años no funcionaba demasiado bien en el género. Sin embargo, con el auge de novelas interesantes en el mercado anglosajón y con la cantidad de autores españoles que también escriben en este formato, cada vez aparecen más en las estanterías de las librerías. Una de estas obras es Sistemas críticos, la primera novela de Los diarios de Matabot, ganadora del Hugo y del Nébula por mejor novela corta. Ahora gracias a Alethe (con traducción de Carla Bataller), podemos leerla en español.

En un futuro en el que la humanidad ha conquistado el viaje espacial, muchos son los equipos de investigación que acuden a planetas inexplorados para estudiar sus características. Las compañías aseguradoras son las que se encargan de organizar estos viajes, a cambio de un (no) módico precio. Y una de las imposiciones de estas aseguradoras es la de llevar bots de seguridad (o SegUnidad) para vigilar y proteger los equipos. Esta es la función de Matabot. Sin embargo, Matabot no es como el resto de SegUnidades, ya que ha hackeado su Sistema de Control.

Creo que uno de los grandes aciertos de esta novela es que está narrada en primera persona. Martha Wells no tiene mucho espacio para desarrollar la ambientación, por lo que se centra en desarrollar y dar voz a Matabot. Y eso es un acierto, pues Matabot es un personaje diferente, con una personalidad muy marcada pero que, aún así, va evolucionando durante la historia. Wells consigue caracterizar bien a un robot, aunque en algunas ocasiones he notado que la lírica no conseguía transmitir del todo esa ironía seca y robótica del personaje. Esta primera persona es también interesante para ver las interacciones del personaje con el resto de elenco, que, aunque vemos solo pinceladas, llegamos a conocer bastante bien.

Al estar tan centrado en esto, la ambientación queda muy en segundo plano. Lo cual es una pena, porque los pocos detalles que deja entrever Wells son fascinantes: Las aseguradoras, los científicos investigando el planeta, la política detrás de todo esto… El universo creado por Martha Wells tiene muchísimo que contar y sabiendo que hay más novelas cortas ambientadas en él, espero que Wells aproveche para ampliar también el trasfondo y no solo el personaje.

En conclusión, y siendo algo más breve de lo normal (pues es una novela corta y tampoco os lo podría contar todo), esta es una de esas historias que se lee en un suspiro. Con una trama sencilla pero efectiva y un personaje carismático, la novela se hace muy entretenida. La lírica es lo que más me ha fallado, pues tiene algunas frases que no me han convencido. Pero aún así, tengo ganas de seguir leyendo sobre este personaje y sobre esta ambientación. Esperemos que Alethe se anime con más novelas de Matabot.

Otras reseñas: