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El cielo de medianoche de Lily Brooks-Dalton

jueves, 3 de diciembre de 2020

Hay libros que te entran por la mirada y ya no te dejan escapar. ¿Os ha pasado alguna vez? Esos amores a primera vista que mejoran aún más cuando descubres que el interior es igual de maravilloso. Pues se podría decir que la historia de amor que os quiero contar hoy es similar. Y no, no hablo del amor entre yo y este libro, que también existe, sino del amor que transmiten sus páginas hacia el mundo y la vida. Una esperanza que te deja el corazón calentito, aunque lo que haya alrededor sea oscuridad. Hoy vuelvo al blog para hablaros de El cielo de medianoche de Lily Brooks-Dalton.

La novela nos presenta un futuro en el que el mundo se ha acabado, no sabemos como. Y en esa situación desoladora conocemos a dos personajes, con capítulos alternos. Por un lado, tenemos a Augie, un astrónomo que se ha quedado incomunicado en el Ártico. Por otro lado, Sully está en una nave espacial, volviendo a casa de un viaje a Júpiter. Ambos tienen una cosa en común: se han quedado varados en el absoluto silencio radiofónico.

Lily Brooks-Dalton escribe una novela sencilla con una premisa que, de entrada, no parece demasiado original. El mundo se acaba y lo vemos desde el punto de vista de dos personajes que se quedan atrás. Sin embargo, la magia de la autora brilla sobre todo en la caracterización de estos personajes. Esta es una novela que los deja hablar, que los muestra tal y como son: con sus defectos, sus virtudes, sus errores. Al viajar al pasado con ellos, al ver el presente desde sus ojos, podemos conocerlos muy a fondo. La autora ha pretendido enseñarnos la evolución, como estas dos personas que eran ajenas al cariño humano van acercándose, poco a poco, a este. Me ha gustado sobre todo el personaje de Sully, su diatriba como madre y astronauta, sus dudas y sus momentos brillantes. Pero también me parece interesante el personaje de Augie, justamente porque, al principio, no conectaba nada con él. La autora parece querer mostrar que hasta los personajes más odiosos pueden contener océanos de luz en su interior. 

Una de las cosas que más me gusta del libro es esa sensación de esperanza que transmite, esa idea de que, por mucho que todo acabe, se puede volver a empezar. Igual que otros libros hopepunk (aunque no sé si este podría clasificarse en ese género), me gusta la idea de que, incluso en los escenarios más terroríficos, la esperanza puede prevalecer. En El cielo de medianoche, sin duda se ve la esperanza como bandera, pero es una personal, cercana, individual. Una que nos habla de nosotros, como personas, y no como la humanidad al completo.

Una de las características de la novela, que no un problema, es la ausencia de ambientación. No sabemos qué ha provocado ese cataclismo (aunque se habla de "rumores de guerra") ni en qué condiciones se ha quedado la Tierra. A la autora no parece importarle el porqué ni el cómo, sino una de sus consecuencias: la soledad. Y eso no solo lo transmite con los personajes, sino también con los paisajes que muestra. La autora dedica muchísimas palabras a transportar a sus personajes a los páramos nevados del Ártico y a los infinitos vacíos del espacio y consigue con creces que el lector se traslade con ellos. Nos muestra sus lugares más fríos y duros, su cara más oscura, pero también la belleza que se esconde tras esa negrura. Un momento que me fascina es cuando la primavera llega al Ártico y el paisaje se transforma. 

Otra cosa que quiero destacar es el estilo delicado de Brooks-Dalton. Tiene imágenes muy potentes, pero me ha gustado sobre todo a la hora de construir poco a poco los personajes, a través de diálogos y recuerdos del pasado. Sin embargo, y como uno de los fallos que le he encontrado a la novela, a veces se precipita demasiado en algunos acontecimientos y eso hace que pierdan la potencia que podrían haber tenido. Hay escenas que me habría gustado saborear con más calma.

En conclusión, El cielo de medianoche es un libro bien escrito, preciosista y esperanzador que nos muestra como, en una situación extrema, la humanidad, la familia, los lazos que hacemos con los demás tienen más peso que nunca. Un libro que se centra en los personajes y en como estos aprenden a sobrevivir estos sucesos, pero no pisándose unos a otros, sino colaborando, ayudándose, uniéndose. Un libro ideal para los momentos que corren, en los que la luz parece escasa. No lo es. Lily Brooks-Dalton  y Blackie Books, la editorial que publica este libro en español, son conscientes de ello. 

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Rascacielos de J.G. Ballard

viernes, 22 de febrero de 2019



Desde que Runas anunció esta reedición de Rascacielos (con traducción nueva incluida, de David Tejera), tenía muchas ganas de ponerme con él. Su tamaño era una ventaja (ya he dicho más de una vez en este blog lo mucho que me gustan las novelas cortas) y la temática me llamaba aún más la atención. La ciencia ficción tiene el poder de especular, de trasladarnos a un futuro cercano e imaginar, en situaciones concretas, como actuaría el ser humano. Esto es lo que intenta hacer Ballard en esta novela y, por desgracia, a mi no me ha acabado de convencer. Pero no adelantemos acontecimientos y vamos a por la reseña.

Laing, un recién divorciado, acaba de mudarse a uno de los cuatro rascacielos cercanos a su trabajo. El suyo es un edificio de 40 plantas en el que viven unas 2000 personas, con todos los accesorios necesarios para una vida de lujo. Los inquilinos y vecinos de Laing son hombres de negocios, dentistas, médicos, gente de la farándula, joyeros y todo tipo de gente con gran poder adquisitivo. Sin embargo, cuando la luz se va de algunos pisos, la sociedad bien establecida del rascacielos empieza a tambalearse.

Rascacielos forma parte de un tipo de novelas que especula como actuaria el ser humano de estar este confinado en un espacio cerrado y en sociedad. Es un tipo de novelas que me fascina y que Stephen King creo que hace muy bien (si no habéis leído La niebla, os lo recomiendo). En cambio, hay una variante que creo que falla en la premisa del libro de Ballard y no en las otras novelas de este estilo y es que en Rascacielos, nadie está atrapado: Los vecinos de Laing siguen asistiendo al trabajo, las puertas del rascacielos están abiertas. Así, algunos de los problemas a los que se enfrentan los habitantes, como la falta de comida en el edificio, parecen de una envergadura menor al poderse solucionar.

Por supuesto, lo que Ballard intenta explorar en la novela sigue patente y llega al lector igualmente. Esa idea de la humanidad contra lo material, de la facilidad que tiene el ser humano de sucumbir cuando todo aquello que da por hecho desaparece. Es interesante también la lucha de clases que se crea en el edificio y, para mí, una de las facetas más interesantes de la historia: Cuanto más arriba, mejores son las prestaciones y por lo tanto, más caro es el piso. Este es uno de los primeros elementos diferenciadores, uno que puede trasladarse a nuestro día a día.

Esta novela de Ballard fue escrita hace más de 30 años, pero algunos de los temas que trata siguen vigentes hoy en día. La deshumanización de las ciudades, la idea de seres humanos viviendo en edificios sin conocer a sus vecinos, sin relacionarse con ellos. Los habitantes, separándose por pisos y haciendo la clara diferenciación de “ellos” y “nosotros”, enemizando el “ellos” como personas ajenas, algo que se hace continuamente en la sociedad actual y que el propio Ballard tuvo que vivir cuando, de pequeño, estuvo en un campo de concentración.

El estilo es otro de los aspectos que más me ha costado al leer la novela y es que Ballard abusa demasiado de la exposición narrativa, sin dejar que sean los personajes los que hablen. Los diálogos brillan por su ausencia y en vez de eso nos encontramos con páginas enteras de reflexiones de los personajes. Y aunque este estilo denso pega con la novela, habría esperado que el autor se fijara más en tratar a los personajes y en ahondar en las relaciones entre ellos y no solo en la psicología individual de los tres personajes principales.

En conclusión, Rascacielos es un buen libro, con una premisa interesante y un desarrollo muy bien estudiado. Se hace algo duro y denso de leer, pero es un ejercicio interesante si os gustan, como a mí, esta clase de libros. Sin duda Ballard es un autor de ciencia ficción especulativa clásica que hay que tener en cuenta y con Rascacielos, aunque no ha sido exactamente lo que esperaba, me lo ha demostrado.

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