Tengo que confesaros una cosa. Una cosa que me averguenza decir en voz alta (o escribir en internet, mejor dicho) pero de la que me he dado cuenta recientemente. No leo autores españoles. O al menos, no leo suficientes autores españoles. Si miro mi estantería, creo que podría decir que tengo más libros de autores japoneses que de autores españoles, por poner un ejemplo. Y esta ausencia es algo que me gustaría remediar. Guillem López es uno de los autores españoles que más me llama la atención y desde que vi su charla en el Celsius, que tenía muchas ganas de conocer sus libros. Y no podía empezar con un libro mejor.
Guillem López nos traslada a un mundo oscuro y subterráneo en el que el más
fuerte o el más listo es el que sobrevive. Y en la supervivencia, en pasar el
día a día, es en todo lo que pueden pensar sus habitantes. En apenas unas
palabras, López es capaz de sumergirnos en este mundo terrible y descarnado:
Las minas de ámbar, la única moneda de cambio (y la única cosa de valor), la
infinidad de los pozos y la única frontera que lo separa del otro mundo: el
exterior. Arriba y abajo. Sin embargo, el lector no necesita más para sentirse
rodeado, para sentir la claustrofobia y la decadencia que rodea las paredes de
piedra y suciedad del Pozo.
Y sin embargo y aunque esta ambientación sea importante, el verdadero
protagonista es el que se come la historia, la retuerce y la desecha como una
sarta de mentiras. Él mismo inicia la novela confesándonos directamente a
nosotros que lo que vamos a leer es su historia y a partir de entonces, a
partir de esa primera página, Veintiuno se adueña de la historia y la hace
totalmente suya. Como podéis imaginar, es una novela de personajes o más bien
dicho, de un solo personaje, pues Veintiuno es la luz que hace sombra a todos
los demás y eso, que puede ser un poco peligroso, solo hace que la novela sea
más interesante. Y lo mejor de esta novela no es solo que Veintiuno tiene una
voz narrativa muy bien escrita y que se come todo el resto de la novela, sino
también la propia personalidad del personaje, la capacidad que tiene para
fascinarnos, engancharnos y a la vez, detestarnos y revolvernos las tripas. ¿Es
Veintiuno un reflejo de la sociedad en la que vive o solo un ser detestable
más? Y he aquí la respuesta: da igual. Sea lo que sea Veintiuno, como lector lo
único que puedes es seguir leyendo y seguir sufriendo.
Y aquí la maestría de Guillem López, que consigue que te adentres en el pozo
y que ya no puedas salir. Toda palabra parece perfectamente colocada en su
lugar y a su vez, parece que el narrador las esté colocando al azar. Hay
interrupciones, hay monólogos, hay mentiras y verdades y todo eso está colocado
en el momento perfecto, en la situación ideal. Algo que quizá parece sencillo
de hacer, pero que no lo es para nada.
Esta no es una novela para leer en el aire (como hice yo) sino enterrado en
el sofá, en un día de invierno. Aún así, no importa que el lugar o la situación
lectora no acompañen, porque Guillem López se encargará de adentrarte en la
novela. A falta de haber leído
Challenger y con ganas de adentrarme en otra historia escrita por Guillem
López, os puedo decir que este autor es uno a tener muy en cuenta.
"Este es el trato. Yo contaré mi historia, la de verdad, y vosotros la escucharéis os guste o no, porque hablaré de drogatas y marginados, de sexo, violencia y muerte. Seguro que sabéis a que me refiero. Ese impulso tan jodido cuando te dicen: no mires abajo, pero lo haces y miras y cuando sientes el vértigo ya es demasiado tarde. Así son las cosas."
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