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El verde entre las sombras de Rodolfo Martínez

miércoles, 17 de marzo de 2021

 

Hace aproximadamente un año (y un poco más), escribí la reseña de la primera entrega de esta tetralogía escrita por Rodolfo Martínez. La simiente de la esquirla fue un libro que me sumergió en sus páginas y recuerdo que lo devoré en unos pocos días. Por eso, cuando Rodolfo me dio la oportunidad de leer y comentar la segunda parte, ni me lo pensé. El hueco al final del mundo es una saga compleja, elaborada y muy bien construida y El verde entre las sombras, su segundo libro, es una muestra de esto.

Igual que pasaba con la primera entrega de la saga, Martínez ha dividido El verde entre las sombras en dos partes claramente diferenciadas, en las que seguimos a los dos protagonistas. Por un lado, Kláiner ha abandonado la ciudad que lo vio nacer y ahora se enfrenta a la amplitud de un mundo muy diferente al suyo. Por otro, Ibyra tiene que huir de su hogar, consecuencia de los eventos sucedidos al final del primer libro. En su refugio, Ibyra tendrá tiempo para aprender sobre los secretos que guardan sus acompañantes y también sobre sí misma y lo que se esconde en su interior.

Como ya comenté en la anterior reseña, los protagonistas de esta saga están muy bien delimitados. Martínez aprovecha que ambos amplían la visión de su mundo, antes concentrada casi exclusivamente en su hogar, para mostrar también personajes diversos. Ibyra tendrá la oportunidad de conocer a una mujer de Tamashi, otra región de Duniya. En el viaje de Kláiner por el mapa, irá conociendo distintas personas, con diferentes visiones del mundo. El abanico se abre y Martínez lo abre aún más añadiendo algunas escenas en zonas donde, hasta entonces, el lector apenas se había podido adentrar.  Esto me lleva al siguiente punto: la ambientación.

Duniya y la importancia del mapa

Antes de escribir esta reseña, he querido releer de nuevo los artículos que publicó Rodolfo Martínez sobre la construcción de Duniya. No solo es interesante (siempre lo es) ver el “cómo se hizo”, sino que, además, Martínez disecciona de forma exquisita su proceso. Tal y como ya os conté en la primera reseña, el mundo de Duniya está constantemente presente en la novela, casi como un personaje más. Esto sigue sucediendo en El verde entre sombras, dónde podemos conocer más puntos de ese mapa que, al principio de La simiente de la esquirla, parecía amplio e inabarcable.

La diversidad es uno de los puntos fuertes de esta ambientación y es evidente que el autor ha puesto especial mimo con ella. Los personajes se ven diferentes, hablan diferente en muchos casos y están configurados según la zona en la que han crecido. Eso lleva al lector a un sentido de la maravilla exquisito, en el que cada ciudad, cada zona, es una pieza más que desentrañar del mapa.

Mapa de Duniya. Fuente.

Y es un placer hacerlo. Me he encontrado, en más de una ocasión, volviendo al mapa para recordar dónde estaba cada cosa. No por necesidad, al contrario, Martínez guía muy bien al lector, sino por curiosidad: quería conocer más sobre el mundo que me estaban mostrando. Al igual que en La simiente de la esquirla, Martínez deja que los personajes hablen por él, por lo que esta ambientación se nos va desgranando a pequeños bocados.

El autor aprovecha el viaje de los personajes para hacer esto y, de esta forma, vamos  conociendo el mapa y las gentes que viven en él. Aunque habría preferido que la trama fuera algo más compleja, a nivel de sucesos, la ambientación, los personajes y su crecimiento (sobre todo el de Kláiner) compensa con creces.

Una novela de transición

Martínez ha comentado, en alguno de sus artículos que esta novela es como su gran Señor de los Anillos. Puedo entender por qué: la estructura es similar (la división entre dos tramas paralelas y dos partes por libro me recuerda un poco a la que hizo Tolkien), es una historia en un mundo vivo y fantástico (en el más amplio sentido de la palabra) y son esos personajes, gente cotidiana, los que viven la historia. Me gusta esa influencia, no solo porque la use en una novela de ciencia ficción, sino también porque, pese a esos detalles, es una historia fresca, que se siente nueva. También tiene otros elementos que me han llamado la atención (por ejemplo, en algunos momentos me acordaba de Fullmetal Alchemist). 

Sin embargo, en algunas partes (sobre todo en los capítulos de Kláiner), la trama me ha parecido algo sencilla. Si tuviera que ponerle un "pero" a la novela, sería este: la estructura plana de la historia. La trama de Kláiner es algo repetitiva (de hecho, hasta un personaje bromea sobre el tema) y muy lineal: sabes que los personajes tienen que ir de un punto A a un punto B. Y aunque, como lectora, disfruté mucho de los paisajes que ofrecía ese viaje, el trayecto en sí me pareció algo típico.

Pese a ese “pero”, creo que la evolución de su personaje está muy bien hecha. Me gusta cuando éstos crecen no solo por las experiencias que viven, sino también por todos aquellos que aportan su granito de arena al cambio. Me gusta ver a personajes delineados por las palabras o acciones de otros y Kláiner es un claro ejemplo de esto. Este crecimiento también se puede aplicar a Ibyra y hasta se podría aplicar a los personajes que rodean a ambos, pero creo que Kláiner es, en este sentido, la estrella que más brilla en El verde entre las sombras.

En conclusión, y ya acabando esta reseña, El verde entre las sombras es una novela de transición, pero eso no implica que caiga en la maldición de las segundas novelas. Al contrario, Martínez sabe aprovechar esa metamorfosis para ampliar el mundo y los personajes que viven en él. Tanto si os gusta la ciencia ficción como si os gusta la fantasía (la novela entra dentro de la primera categoría, pero para mí bebe un poco de ambas), El hueco al final del mundo es una saga en la que recomiendo fervientemente que os adentréis.

El arcano y el jilguero de Ferran Varela

miércoles, 13 de mayo de 2020




Ferran Varela es un nombre que está dando mucho de qué hablar últimamente en el fandom español. Ya desde La danza del gohut, publicado por Editorial El Transbordador, Varela dio un golpe en la mesa para decir: “aquí estoy y esto es lo que escribo”. Si recordáis la reseña que hice sobre dicha novela corta, recordaréis que todo fueron alabanzas, pues me gustó muchísimo. Por eso compré con ganas (aunque haya tardado un año en leerlo) El arcano y el jilguero, su nuevo libro. Y quizá eso, sumado al hype que acompañaba la novela, la lectura no ha sido tan satisfactoria como esperaba.

Nos encontramos en Hann, un lugar constantemente asediado por la guerra, ya que el emperador Thien se ha propuesto conquistar todos sus rincones. Nuestro protagonista, Mezen el Ariete, trabaja para él: es llamado el Arcano del tormento, un ser no humano llegado del inframundo para torturar a todo aquel que se encuentre. La realidad es muy diferente: Mezen es un ser humano y adopta este papel, por muy duro que sea, para conseguir sus objetivos. Pero cuando su camino se cruce con el de Nara, una joven huerfana de guerra que cambiará la forma que tiene Mezen de ver el mundo.

Esta es una historia de personajes. De dos, en concreto, aunque haya secundarios que aparezcan en el escenario. Pero Mezen y Nara son los dos protagonistas y todo gira alrededor de ellos y su relación. Esto es interesante sobre todo porque Varela aprovecha para profundizar y construir muy bien a ambos. A Mezen por encima de todo, ya que es, no solo el protagonista, sino también el narrador. Pero Nara, y la forma que tienen ambos de interactuar, es también muy importante para el libro.

Otro punto fuerte de la novela es la ambientación. Varela nos muestra un mundo muy diverso, lleno de culturas diferentes que podemos ir viendo a medida que seguimos los pasos de Mezen. El autor nos muestra mitologías, historias, tradiciones, ya sea mediante la voz del protagonista o mediante algunos personajes y lugares que aparecen durante el desarrollo de la historia. Hann es un mundo vivo y el lector puede adentrarse en él con facilidad.

Con dos elementos tan potentes como estos, la historia debería haberme gustado mucho más. Pero, y aquí llega la parte mala, no fue así. Mi problema con El arcano y el jilguero fue exclusivamente el pacto ficcional y la suspensión de la credibilidad. El pacto ficcional es algo muy subjetivo y cada lector tiene el suyo. Elementos que a mi me pueden funcionar perfectamente pueden ser rechazados por otro lector. Me costó mucho entrar en El Arcano y el jilguero. No por su complejidad ni por la lírica recargolada de Varela (que, aunque a veces se me hace un tanto rococó, no me disgusta), sino por su narrador. La historia está contada a través de los ojos de Mezen, pero el narrador parece omnipotente. Mezen adivina las intenciones de los personajes con los que interactua (y pocas veces falla), puede entender sus pensamientos y nos muestra un punto de vista que no siempre parece personal. A causa de esto, como lectora me costó mucho empatizar con Mezen y meterme en la historia.

A pesar de eso, recomiendo encarecidamente leer El arcano y el jilguero. Primero, por que mi problema con el pacto ficcional es muy subjetivo y aunque a mi me costó unas 150 páginas engancharme a la novela, esto no tiene por que ser el caso de los demás. Segundo, por que pese a todo, disfruté muchísimo de Hann y sus personajes. Con los conflictos de los personajes y los lazos que los van uniendo a medida que avanza la historia. Con la prosa preciosista de Varela. Así que si estáis buscando una novela de fantasía que se salga de lo acostumbrado, adentraros en El arcano y el jilguero.

Otras reseñas:
Libros prohibidos
Windumanoth
Café de tinta

La simiente de la esquirla de Rodolfo Martínez

martes, 11 de febrero de 2020


La lectura es algo que me ha acompañado toda la vida. Puede sonar a cliché, pero desde que, a los cinco años, leí mi primer cuento, hubo algo, un magnetismo, que me enganchó. Harry Potter con siete años fue la novela que cerró el trato: era oficialmente una lectura acérrima. Han pasado veintiún años desde entonces y he cambiado mucho como lectora, pero hay cosas que se quedan contigo siempre. Una de ella es esa sensación de expectación al entrar en un nuevo mundo por descubrir. Suena aún más tópico, lo sé, pero una de las cosas que me fascina de la ciencia ficción (y, a veces, de la fantasía) es la idea de abrir las páginas y encontrarme un mundo totalmente diferente al mío. Con siete años fue Hogwarts. Con veintiocho, son muchísimos lugares diferentes. Uno de ellos ha sido este Duniya, creado por Rodolfo Martínez para su tetralogía, El hueco al final del mundo.

La simiente de la esquirla es, como he dicho, una primera parte de una historia cortada en cuatro. En esta conocemos a Kláiner, un joven que se dedica a patrullar su ciudad matando los verjóngers, unos monstruos que aparecen por portales y matan a inocentes de su ciudad. Pero todo cambia el día que, al ir a matar a uno de estos, se encuentra con una chica que proviene de otra parte de mundo.

Lo primero destacable, y quizá es lo que más llama la atención, es la ambientación. El proceso de creación de este mundo ha sido extenso y se nota: hay diferentes idiomas, diferentes ciudades, diferentes tecnologías, todo en una amalgama de culturas que vamos viendo poco a poco. Porque el autor tiene claro que la ambientación debe ser un iceberg y que todo lo que vamos descubriendo con pequeñas pastillas forma parte de algo mucho mayor que no vemos, aunque exista. Como lectores, nos sumergimos en un mundo desconocido que vamos descubriendo a medida que avanza la historia.

Porque al final, el mundo es solo un personaje más que contribuye a la historia. Y aunque el autor peca, en alguna ocasión contada, de meter infodump, en general el ritmo está tan bien llevado que no molesta. Es una historia trepidante, de esas que dejan respirar lo justo para que cojas aire y continúes leyendo. Si os gustan los libros emocionantes, en los que te metes fácilmente y ya no sales, este es vuestro libro.

Otro elemento interesante del libro son los personajes. Algunos son más tópicos, otros son más complejos. Kláiner, por ejemplo, se nos presenta como el típico joven vengativo y frío, pero poco a poco vamos viendo cómo evoluciona. Sin embargo, quiero destacar sobre todo a Cegé, la inteligencia artificial que ayuda a Kláiner. Me gusta como Rodolfo Martínez ha conseguido hacer una IA que parezca humana y, a la vez, artificial. Pero por otro lado, a veces me daba la sensación de que, al tener capacidades casi ilimitadas, el juego del autor con el lector se pierde un poco.

La novela trata temas muy interesantes durante el proceso. La humanidad (o no humanidad) de las IA, la manera que tiene de manipular la religión, el status quo y lo que hacemos para mantenerlo, la sexualidad, la forma que tenemos de ver al otro… todo esto son elementos que añaden a la trama, que la hacen más compleja, pero que no estorban a la lectura. De hecho, todos los pequeños peros que he ido comentando en la reseña no molestan; el libro consigue lo que el autor busca: que enganche. Que el lector no pueda dejar de leer. Encontrar este equilibrio entre ambientación y trama es complicado, pero Rodolfo Martínez lo consigue.

En conclusión, si os gusta la ciencia ficción, si os gustan los libros emocionantes y de lectura rápida, si os gustan las IAs, los mundos por descubrir… si os interesa todo esto, os animo a que os adentréis en El hueco al final del mundo.

Otras informaciones:

Lago negro de tus ojos de Guillem López

lunes, 27 de mayo de 2019



Cuando Alex Paez y yo organizamos el Proyecto Celsius y decidimos qué autores leer para prepararnos para el festival, hubo un nombre que salió al instante y ese era el de Guillem López. Y es que no falla, cada año sale nueva novela del autor y cada año volvemos a gozar adentrándonos en sus historias. Ya he comentado en muchas ocasiones que, para mí, Guillem López es uno de los referentes actuales del género en España. Con Lago negro de tus ojos, su nueva novela corta, editada por Runas, esta opinión se refuerza.

Alrededor del mundo han comenzado a aparecer unas lagunas extrañas y negras, cuyas profundidades conducen a algún lugar desconocido. Este fenómeno, llamado El Incidente, ha adquirido especial relevancia en El Clot, Valencia, ya que ahí ha aparecido la laguna más grande. Carla es nativa del pueblo, pero regresa después de haber vivido en el extranjero durante años para investigar la desaparición de una conocida actriz. Sin embargo, el retorno significa para ella volver a enfrentarse a un pasado que creía totalmente enterrado.

López es un experto en crear ambientes opresivos y con sensación de asfixia, como ya hizo con Arañas de Marte. En este caso vuelve a ambientar la historia en Valencia, pero es una Valencia extraña, estancada como el agua de un charco. Es interesante ver el contraste entre Carla, sus miedos y su pasado, con el resto de personajes que pueblan El Clot. Casi parece un cuadro de El bosco, donde cada personaje va a su rollo, sin tener en cuenta de que todas sus acciones están conectadas.

Y ahí es donde entra el personaje de Bernat, un narrador no fiable que además usa las imágenes como motivo lírico. Y aquí se ve la magistralidad del estilo de Guillem López, pues consigue trasladar al lector al cómic que dibuja Bernat para mostrarnos la trama. Las descripciones del cómic son tan vívidas y tan fuertes, que el lector puede imaginar perfectamente la acción en blanco y negro sobre papel. Para realizar esto, Guillem López usa todos los elementos posibles en su mano, cambiando de tipografía para los títulos de los capítulos o jugando con las palabras para mostrar, más allá del texto, el descenso a la locura que sufren los personajes y los lectores con ellos. 

Al final, y para sacarle un pero, lo único que me ha molestado de la historia es lo corta que es. Es una ambientación muy interesante y trabajada, pero apenas le da tiempo a desarrollarse. Lo mismo pasa con los personajes, que aunque se puede ver que son complejos y llenos de capas, apenas podemos comprobarlo durante la lectura, quizá con la excepción de Carla y Bernat. El formato de novela corta funciona bien y la historia queda cerrada, pero habría preferido conocer un poco mejor a los personajes antes de cerrar la última página.

Lago negro de tus ojos se lee en apenas unas horas, pero se queda retumbando en tu cabeza como un eco infinito. Es un camino opresivo por una historia que te atrapa como las polillas se quedan atrapadas por la luz y que ya no te suelta. La ambientación angustiosa e inquietante, las paranoias de los personajes, las escenas silenciosas y en blanco y negro, que se muestran a través de viñetas… todo esto hacen de Lago negro de tus ojos una novela que todos deberíais estar leyendo ya.

Otras reseñas:

Reyes del horror: la literatura de terror en España

jueves, 31 de enero de 2019



Dentro del género, la literatura de terror parece ser la hermana pequeña: aquella que está a la sombra de sus hermanas mayores, como son la fantasía o la ciencia ficción. Por supuesto, nada más lejos de la realidad y es que el terror nació a la vez que el resto de la literatura. Al fin y al cabo, las historias hablan sobre emociones humanas y el miedo es una de las emociones más primigenias de los seres vivos. El terror nos acompaña durante toda nuestra existencia y a medida que vamos creciendo, va mutando, cambiando, disfrazándose. La literatura de terror ha estado siempre ahí porque ha acompañado siempre al propio miedo.

Cuando pensamos en grandes nombres de escritores de terror, la mayoría de los que vienen a la cabeza son nombres anglosajones. Aparece Mary Shelley, Bram Stoker, Edgar Allan Poe, Lovecraft como clásicos, Stephen King, George R.R. Martin o Anne Rice como más contemporáneos. Si te adentras un poco más, conocerás a Angela Carter, Shirley Jackson o Edith Wharton. Ya hablé en este artículo sobre las mujeres escritoras de terror, en la que nombro un buen número de nombres de escritoras. Sin embargo, ¿qué pasa con la literatura de terror en castellano? En España pocas veces se ha considerado la literatura de género como “literatura de verdad” y las pocas veces que eso ha ocurrido ha sido cuando esta ha sido publicada en editoriales generalistas y publicitada como algo diferente o más “mainstream”.

Pero hay muchísima literatura de horror de calidad en español. Parece una afirmación evidente, pero no lo es para todo el mundo. En este artículo quiero ahondar en el terror español para ver todas las maravillas que se esconden detrás de apellidos españoles. Os aseguro que son muchas.

El terror anglosajón VS el terror español. ¿Qué los diferencia?

Quizá una de las características más diferenciadoras dentro del género es como este ha llegado al público. Mientras que en el mundo anglosajón, los autores de miedo han sido reconocidos como literatura clásica de calidad, sin quitarle por ello la etiqueta del terror, en España la literatura de terror ha sido escondida bajo otras etiquetas. Tenemos grandes autores como Ramón María del Valle-Inclán, Gustavo Adolfo Becquer, Emilia Pardo Bazán o Joan Perucho, pero en muchas ocasiones no se consideran sus obras como auténticas obras de terror y si lo hacen, les cuelgan la etiqueta de gótico, como si eso pudiera diferenciar un terror de mayor calidad a uno menor. Pero Bécquer escribía sobre fantasmas y Perucho sobre vampiros, así que… ¿qué diferencia estas temáticas de las que se encuentran en las historias de Poe o Stoker?

Ilustración de Virginia Argumosa
Mientras nuestros hermanos de lengua en América del Sud escribían sobre realismo mágico e historias de terror, encontrándonos así a escritores como Juan Rulfo, Isabel Allende o Gabriel García Márquez. Sus obras tienen toques de fantasía y terror (como decía Lovecraft, no existe el terror sin el género fantástico). Aunque no me atrevo a hablar demasiado de cómo se vive y se publicita la literatura de terror al otro lado del charco, sí veo que hay una diferencia frente al terror que ha estado escrito aquí, pues en España este género se considera poco más que literatura menor (en contraste con la “alta literatura”). Similar a lo que pasa con la ciencia ficción, que durante mucho tiempo fue considerado un género de escapismo y naves espaciales (como si eso fuera malo), el terror en España es considerada literatura de nicho y muy dirigida hacia un público concreto. No se lee en las escuelas como Poe (quizá exceptuando a Bécquer) ni se vende en editoriales generalistas como King.

El terror español; una multitud de nombres

Sin embargo, la literatura de terror española está en un momento muy interesante. Actualmente hay dos editoriales especializadas en terror y muchas otras que publican obras de autores que exploran con sus historias todas las variantes que puede tener el miedo, buscando aquello que puede despertar el horror en el lector. Desde el gore, hasta los monstruos, hasta el terror psicológico, en España tenemos un amplio abanico de posibilidades literarias.

Ilustración de Ninona para un relato de Bécquer
Podemos leer novelas de zombies y conocer las novelas de Carlos Sisí (que ahora publica nueva novela de terror, aunque no de no-muertos, con Insólita: Varsovia) o las de Manel Loureiro. Podemos leer sobre pesadillas y mundos que se acaban con Ismael Martínez Biurrun, Guillem López, Jesús Cañadas o Emilio Bueso. Sobre fantasmas con Miguel Córdoba, Mariana Enriquez (permitidme que la añada, aunque sea argentina, pues toda publicidad hacia esta autora es poca), Cristina Fernández Cubas, Pilar Pedraza, Elia Barceló Jaume Vicent o Nieves Mories. Podemos adentrarnos en la fantasía oscura y leer a José Antonio Cotrina (en solitario o con Gabriela Campbell, en ambos casos 100% recomendables), a Ferran Varela o Teresa P. Mira de Echeverría (que también es argentina). O podemos conocer el bizarro, un subgénero que no siempre se puede relacionar con el terror pero que siempre provoca la incomidad que consigue también este género. Tenemos a autores como Tamara Romero o Alfredo Álamo.

Si algo he querido dejar claro es que aquí no tenemos ningún Stephen King, un autor que marque tendencia y que venda millones escribiendo terror, que luego se traducirá a la gran pantalla. Pero eso no quita que en España seamos productores de cultura y que una parte de esa cultura (tanto cinematográfica, de la que no he hablado por ignorancia, como literaria) forme parte del amplio género del terror. Pero sí que me gustaría que, después de leer este artículo, quede claro que en España tenemos muchísimos autores y autoras interesantes, que exploran nuestros miedos interiores en sus novelas. No soy una experta en el género (aunque es algo que me gustaría llegar a conocer bien con el tiempo) ni he podido leer, por desgracia, a todos los autores que he comentado anteriormente. Por eso, este artículo, más que ser un análisis de las formas en las que el género puede mutar, es una carta de amor hacia la literatura de terror española y hacia todos aquellos autores que, conocidos o por descubrir, han llenado de pesadillas mis noches más oscuras. Por todo eso y por mucho más, gracias.

El último sueño de Guillem López

lunes, 3 de septiembre de 2018



Leer a Guillem López es un placer que, por suerte, he podido hacer al menos una vez al año en los tres últimos años y esta vez el turno ha sido para ‘El último sueño’. Sin temor a repetirme (aunque lo haga), el autor valenciano me parece uno de los escritores de género más interesantes del panorama español. ‘El último sueño’, su última novela publicada y la primera editada en una editorial mainstream como es Minotauro, es el libro que quiero reseñar hoy.

Todo empieza cuando Kemi huye del Zigurat, el barrio rico y verdaderamente paradisíaco Paraíso, para esconderse en la zona más pobre. En una desesperada huida que parece estar a punto de acabar, Kemi se topa con Los Abandonados, una de las muchas bandas callejeras que pueblan Paraíso. Este encuentro cambiará la vida de ambos y los enzarzará en una huida que solo tiene una dirección: hacia adelante.

Una de las cosas que más destacan de ‘El último sueño’ es la forma en la que la ambientación está construida alrededor de la trama. No es que no haya infodumps (no los hay), sino que Paraíso y la construcción social de este está tan entrelazada con lo que va sucediendo alrededor de los personajes que forma parte de ella. De hecho, se podría decir que Paraíso es un personaje más, que interacciona con el resto de protagonistas y se despliega a medida que el lector va avanzando con el libro.

Esta es una fantasía con toques industriales y post-apocalipticos muy interesantes, pues aunque están muy presentes en el libro, no lo definen de por sí. De hecho, la historia se asemeja más a una historia de aventuras con un claro mensaje: siempre hay un lugar para ti, aunque no esté dentro del sistema. El grupo de amigos/compañeros creado por Guillem López con Los Abandonados logra conectar perfectamente con el lector y consigue que te llegue ese mensaje. Que aunque ninguno de los personajes sea un héroe, aunque ninguno de los personajes logre hacer nada significativo que cambie el mundo, son personajes que existen, y viven y sueñan.

Quizá por eso el libro pierde algo de fuelle por culpa de la trama política que hay detrás. No es que la trama política sobre, pero el contraste entre los capítulos de Los Abandonados y los de Nimbara es muy fuerte. Sin embargo, y aunque la trama de Nimbará sea algo más obvia, Guillem López explora una sociedad con estratos sociales muy marcados que coquetea con la distopía y el punk.


Se dice que esta es la novela más convencional de Guillem López y sí, si hablamos de la estructura de la historia, el hilo argumental sigue una procesión más líneal que sus otras novelas. Esto la convierte en una novela más accesible, pero no más convencional. Los temas que trata, la dureza del mundo que retrata, todo esto es una marca inconfundible de su autoría. ‘El último sueño’ es una obra narrativamente exquisita, con una lírica excepcional (como nos tiene acostumbrados Guillem López) y unos personajes muy bien creados. Pues aunque el libro sea publicado en una editorial más grande, aunque la trama pueda ser considerada “mainstream”, ‘El último sueño’ es un muy buen libro.

Otras reseñas:

Brebaje de Tamara Romero

martes, 17 de julio de 2018



No estoy muy versada en el bizarro. No es un género que me eche para atrás, pero tengo que reconocer que tampoco me llama demasiado la atención. Sí es verdad que algunas cosas bizarras que he leído me han parecido interesantes, pero no estoy muy puesta en el tema. Por eso, cuando elegimos Brebaje de Tamara Romero como lectura para el Programa 5 de Tres marcianos y medio, tenía dudas de si me gustaría. Y que dudas más tontas, de verdad.

Brebaje es una novela corta en la que conocemos a Balbina Vital, una maga de espectáculo que acaba de encontrar el trabajo ideal: Ha sido seleccionada para actuar en un resort paradisíaco. En el Recinto, la mitad de los habitantes deben trabajar mientras que el resto está de vacaciones. Esta situación se invierte cada año, por lo que la gente debe trabajar un año y descansar al siguiente. Esta situación envidiable hace que la cola para entrar sea larguísima. Y Balbina lo ha conseguido. Sin embargo, su semana empieza mal: Su primer espectáculo con palomas acaba siendo un desastre y se despierta con una sospechosa pluma negra al lado del cojín.

La novela corta de Tamara mantiene un ritmo acelerado durante todo el relato. Pero la autora sabe bien cómo mantener la atención del lector y aunque la trama avanza con rapidez, eso no impide que vaya añadiendo detalles de la ambientación y del pasado de Balbina que hacen que la historia se sienta palpable. Estos detalles añaden una riqueza argumental muy interesante.

Sin embargo, y aunque Romero sabe llevar bien el ritmo, también es verdad que la novela se hace corta. Despega rápido, aterriza rápido y la historia queda redonda como una serpiente que se muerde la cola. Pero da una sensación de impaciencia, como si el lector necesitara más páginas para descubrir la ambientación que despliega Tamara. Esto por un lado es bueno, ya que la autora sabe jugar con el infodump para que el lector tenga que poner de su parte durante la lectura. Pero por otro lado, deja con las ganas al lector.

A medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía, la novela tiene reflexiones muy interesantes que la autora sabe llevar bien desde el principio. Balbina es un personaje ajeno, pero a la vez, al conocerlo tan bien, el lector se siente identificado con ella. A su vez, el contraste con Rómulo crea un buen equilibrio. La lírica de Romero es excelente para esta historia y aunque es detallista y elaborada, a su vez logra imprimir un sentimiento de frescor a la historia.

En conclusión, esta novela corta se lee en un suspiro, pero las ideas que deja entrever son interesantes y entretenidas. La ambientación que muestra (y toda la que se puede adivinar en el “background”), los personajes, y la historia tan bien hilada, hacen de esta novella una de esas que vale la pena leer, aunque sea para saborear en una tarde, entre lecturas. Sin duda, Tamara Romero es un nombre a tener en cuenta.

Otras reseñas:

Las tres muertes de Fermín Salvochea de Jesús Cañadas

lunes, 16 de abril de 2018


Voy a hacer una confesión vergonzosa, por favor, no os marchéis del blog después de leerla: No he leído nada de Jesús Cañadas. O más bien, no había leído nada hasta que llegó a mis manos La tres muertes de Fermín Salvochea. Es verdad que ya tenía curiosidad antes de este suceso, pero no fue hasta que Cañadas sacó su nueva novela, que me animé a leerla, pues tiene muchos elementos que me llaman la atención: Ambientada en España, principios del siglo XX y novela de terror. ¿Qué más se puede pedir? Pues esperad, que acabo de empezar.

1907. Sebastián recibe una entrada para el circo de los horrores que acaba de llegar a Cádiz, un circo al que sabe que él y sus amigos tienen que acudir. Ese mismo día ocurre algo que cambiará su vida y la visión que tiene del borracho de su padre: Fermín Salvochea, el alcalde de Cádiz durante la primera República, ha muerto. Pronto descubrirá Sebastián que su padre, Juaíco, está mucho más relacionado con este personaje de lo que él espera.

Una de las cosas que creo que hace mejor Jesús Cañadas en esta novela es la capacidad de meterse en la piel de un niño como hace con Sebastián. La novela está dividida en dos puntos de vista, el de 1907 con la voz narrativa de Sebastián y el de 1873, que nos muestra la vida de su padre, Juaíco. A través de estas dos historias, que se van entrelazando, el lector va adentrándose en este Cádiz del pasado, lleno de fantasmas y monstruos. Y es esta capacidad que tiene Cañadas de hacerte volver a sentir un niño, a vivir y disfrutar como un niño y sobre todo, a ver desde los ojos de un niño, que hace los capítulos de Sebastián inmejorables. Desde un buen principio, todo lo que rodea a Sebastián es misterioso y terrorífico, pero Cañadas juega con el lector de manera que tanto él como el personaje no sepan nunca qué es real y que es una invención. Esto tiene aún más poder gracias al resto de personajes que rodean a Chano. Por otro lado, está la historia del pasado, donde tanto Fermín Salvochea como Juaíco están perfectamente delineados y caracterizados.

Cañadas sabe muy bien cuando parar una historia para continuar con la otra. Durante todo el rato, ambas historias se van entrelazando, al principio con pequeños detalles y al final totalmente, con personajes que se complementan a un lado y otro del tiempo. Cañadas siempre da la información justa para que tanto los personajes como el lector se queden con ganas de saber más, de seguir leyendo.

Y aunque he hablado de lo bien caracterizados que están los personajes principales, Cañadas no deja de lado los personajes secundarios y de hecho son estos los que le dan vida real a la novela. Tanto los tres amigos de Sebastián, como su madre, como toda la ristra de personajes que pueblan los callejones y cloacas de Cádiz, todo el elenco hace su papel sin mostrar que es realmente un papel. Su vitalidad da vida a la propia historia.

Pero aunque tiene elementos de terror y de drama, esta es, en lo más profundo, una novela de aventuras. Y mientras avanza la lectura, me daba la sensación que de la misma forma que yo lo estaba disfrutando, el autor había disfrutado escribiéndolo. El batiburrillo de referencias frikis, históricas y fantásticas, referencias de Cádiz y de España, es fascinante y a veces, de hecho, algo abrumador. Sin embargo, es una nota discordante en una melodía maravillosamente creada y que no quita para nada el buen sabor de boca que deja la novela una vez llegas al último punto.

En conclusión, y dejándome muchísimas cosas en el tintero que se podrían decir de esta novela, Las tres muertes de Fermín Salvochea es una novela que traslada al lector al Cádiz de principios del siglo XX, a un Cádiz histórico, sí, pero también fantástico, costumbrista, un Cádiz lleno de mitos y leyendas que no parecen reales. Con una prosa maravillosa y una historia muy bien tramada, Las tres muertes de Fermín Salvochea se va a lo alto de mis mejores lecturas en lo que llevo del año.


Otras reseñas de la novela:
Sense of Wonder
Libros Prohibidos
Boy with letters

La canción secreta del mundo de José Antonio Cotrina

jueves, 8 de febrero de 2018


Leer a José Antonio Cotrina es entrar en una sala a oscuras a sabiendas que en las próximas horas estás a su merced. Y él, como autor, conoce bien ese poder. La canción secreta del mundo es un buen ejemplo de ello. Después de las buenas sensaciones que me dejó Las fuentes perdidas y de haber cogido ganas a leer más cosas firmadas por este autor, los integrantes de 3 marcianos y medio elegimos este libro para el programa de enero. Y menudo viaje ha sido adentrarme en la lectura de la vida de Ariadna. Agarraos, que vienen curvas. Y de las sangrientas.

Ariadna es una adolescente que tiene dos peculiaridades: Un ojo totalmente negro y un vacío en su pasado que desconoce totalmente. Eso no le impide vivir una vida plena y feliz con su extraña y cariñosa familia y su novio Marc. Pero su vida da un vuelco cuando aparece Evan, su novio en su vida pasada, que provoca que su mente empiece a recordar. Ariadna no está preparada para lo que descubrirá sobre su pasado y sobre ella misma.

La canción secreta del mundo es similar a el dulce que le da un extraño a un niño. En apariencia, parece una novela juvenil fantástica, pero detrás de ese velo de inocencia, hay una historia oscura, turbia y llena de sangre. Cotrina es muy consciente de esto y usa los clichés que estamos acostumbrados a leer en el género para revolverlos a su favor. El triángulo amoroso, el pasado escondido, la protagonista especial... todo ello tiene su contraparte, su giro de trama brutal, que deja las espectativas del lector temblando.

Además, es una novela muy inmersiva. La ambientación que usa el autor no es exclusiva de esta novela (es la misma que Las fuentes perdidas), sin embargo explota otros caminos y otras zonas de esta ambientación que no habíamos podido leer en la novela adulta. Así, hay elementos que vuelven a aparecer (como las Casas iguales, los lectores o Cicero) y otros elementos que amplian y le dan profundidad y variedad a la ambientación. De hecho, no solo ambas novelas se pueden leer independientemente (pese a algún cameo de algún personaje) sino que el tono que tiene La canción secreta del mundo es mucho más oscuro y duro que el de su predecesora.

Este es un libro asfixiante. Desgarrador, visceral, violento. Cotrina no se corta a la hora de torturar, matar y desangrar a sus personajes y a los lectores que, esperanzados (al menos al principio de la novela) esperan otro devenir totalmente diferente. No solo eso, sino que se dedica a explorar la oscuridad del ser humano. Esto es intereresante, pues los personajes monstruosos que aparecen son también personajes "humanos". Y los humanos tienen a su vez un aspecto oscuro, horrible y monstruoso. ¿Dónde está la frontera entonces? 

Sin entrar en spoilers, uno de los puntos fuertes (y a la vez, uno de sus defectos) es lo redonda que es esta novela. Cotrina no quiere dejar ni un cabo suelto, así que cierra todas y cada una de las tramas y preguntas que ha abierto durante la historia. Esto deja una satisfacción extraña al lector (no es algo que suela pasar a un nivel tan detallista), pero a su vez provoca que el climax de la novela quede menos contundente al alargarse tanto el final. Algo que Cotrina soluciona en las últimas páginas, dejándonos con el corazón destrozado. 

Leed a Cotrina. Leedlo con La canción secreta del mundo, leedlo con Las fuentes perdidas o leedlo con cualquier otra novela, cuento o novela corta que haya escrito. Su magnifico estilo, lleno de metáforas e imágenes impactantes, su caracterización detallista (pero no pesada) de personajes y ambientación. El autor vasco es un referente en la literatura fantástica de nuestro país por obras de la calidad de La canción secreta del mundo. Y sinceramente, después de leerla, no me extraña.

Otras reseñas:
Más que veneno
Generación reader
Tres marcianos y medio

La mirada extraña de Felicidad Martínez

jueves, 9 de noviembre de 2017


Una de las cosas que más me alegra de haber abierto y mantenido un blog como A través de otro espejo es la posibilidad de conocer y descubrir nuevos autores interesantes. El caso de Felicidad Martínez fue un caso bastante atípico, pues la conocí en persona antes de saber nada de su obra. Tuve la suerte de ir a su presentación de La mirada extraña en el Celsius de 2016 y desde entonces, la curiosidad por su obra me llamó la atención. Que haya tardado más de un año en leerla tiene delito, pero como siempre dicen, mejor tarde que nunca.

La mirada extraña es una colección de cuatro novelas cortas ambientadas en el mismo mundo que se relacionan entre ellas dos a dos. Es decir, la primera y la cuarta están relacionadas, mientras que la segunda y la tercera pasan a la vez, pero desde puntos de vista distintos. En todos los casos, se muestra el contacto entre al menos dos civilizaciones alienígenas: Dos maneras de pensar totalmente ajenas que chocan irremediablemente.

Es una premisa interesante y Felicidad Martínez la lleva hasta su extremo. La primera novela corta, Fuego Cruzado, es para mí la mejor. Es una lectura algo difícil de entrar, pero que en mi caso me enganchó desde un principio. El contacto entre civilizaciones diferentes y la forma en que ese contacto se hace posible (el lenguaje, la comunicación, el choque de costumbres) me pareció muy interesante. Más que la creación exhaustiva de un world builiding (que también hay), Felicidad parece poner todas las características de sus personajes para contar una historia y, sobre todo, para explotarlas al máximo.

La estructura del libro funciona. El hecho de que todas las historias estén entrelazadas en un mismo mundo impulsa al lector a buscar conexiones y cuando las historias se ven claramente conectadas, es interesante ver como el cambio de un punto de vista puede alterar toda una historia. Sin embargo eso también juega un poco en su contra y La perversión de la luz, la tercera novela corta, se hace algo repetitiva al estar tan seguida de la segunda.

Los temas que trata Felicidad me parecen fascinantes. La sexualidad, el género, el idioma y la forma de comunicarnos, el status quo y la tradición… Felicidad lo cuestiona todo y crea paralelismos de momentos históricos (y a veces muy actuales) de nuestro mundo con las situaciones de los mundos que muestra en sus historias. Nos empuja a ver toda la realidad desde unos ojos extraños, ajenos a nosotros, pero lo hace de forma que la empatía siga existiendo. Algo que ya intentó Scott Card en su momento con los insectoides (y claramente hay una influencia de su obra en la de Felicidad), pero que la autora española lleva un paso más allá.

La mirada extraña es un libro atrevido. Un acercamiento a la ciencia ficción española y a una autora que, si todo mantiene este nivel, merece mucho la pena. Son cuatro novelas cortas, pero actúan como una sola: tratan temas similares, en el mismo universo y con un punto en común: el contacto entre varias especies. La audacia con la que Felicidad muestra todo esto, a través de un lenguaje cuidado y adaptado a la obra, me parece muy interesante. Sin duda, uno de esos musts.  

Otras reseñas:

El escondite de Grisha de Ismael M. Biurrun

jueves, 21 de septiembre de 2017


Gracias al Celsius de este 2017 pude conocer a un autor que ya tenía muy pendiente de antes. Estoy hablando de Ismael M. Biurrun, autor del que leí Invasiones (reseñado aquí y comentado aquí), un compendio de tres novelas cortas que me fascinaron desde la primera palabra. Quizá fue eso (y también el precio, por que os voy a engañar) lo que me impulsó a comprar El escondite de Grisha. También influyó que Alex de Donde acaba el infinito, me había hablado muy bien de esta novela en concreto.

El escondite de Grisha es un libro sugerente que te mete en la vida de Olmo, un aparentemente sencillo bibliotecario que empieza un trabajo nuevo dónde conocerá a Grisha. Grisha se sienta en la biblioteca y escribe con los ojos cerrados un diario, como si estuviera en trance. El niño pronto le cuenta, secretamente, que mediante ese diario puede comunicarse con “el otro Grisha” un niño ucraniano que parece estar íntimamente relacionado con él.

Aunque esta es una buena sinopsis, El escondite de Grisha es un libro con muchísimas capas de profundidad. El autor en todo momento va mostrando poco a poco las cartas que tiene en su mano y siempre parece que siempre tiene un giro más que aportar. Esto, lejos de hacer la novela complicada de entender, le aporta un dinamismo muy interesante. En sus cortas 200 páginas, no deja de cambiar y de aportar nuevos detalles a la trama principal. Toda esta construcción se desinfla un poco hacia las páginas finales, en las que el clímax queda algo vacío e insuficiente.

Sin embargo, esta es una novela de personajes y eso es algo que Biurrun sabe hacer bien. La caracterización de Olmo, a través no solo de lo que cuenta, sino de cómo lo cuenta, es magistral. Grisha también está muy bien delineado y aunque lo vemos desde los ojos de Olmo, eso no quita que Biurrun logre hacernos empatizar con él. Otra de las grandes virtudes de la novela, por no decir del autor en general, es esa capacidad narrativa que tiene Biurrun. Su estilo es preciosista, lleno de metáforas expresivas y frases memorables. Pero a la vez, es un estilo ligero que logra meter al lector en el libro sin esfuerzo por parte de este.

Biurrun es uno de esos autores a los que hay que seguir la pista. Un autor que yo he conocido tarde (con ya varias novelas publicadas en su haber) pero que, de momento, me está conquistando con todo lo que leo. Ya tengo en casa Mujer abrazada a un cuervo, otra novela publicada por Salto de página a la que tengo muchas ganas de hincarle el diente. 

Otras reseñas:

Invasiones de Ismael Martínez Biurrun

jueves, 13 de julio de 2017


Una de las cosas que más me gustan del festival Celsius es la oportunidad que me da para descubrir o lanzarme a leer autores y autoras que hasta el momento no conocía. No es el caso de Ismael Martínez Biurrun, al que le seguía la pista desde hacía un tiempo, pero sí que fue la excusa de su presentación en Avilés la que me ha lanzado a leer Invasiones. Y ya os adelanto que no será la primera reseña de este autor que veréis por el blog. 

Invasiones es el compendio de tres novelas cortas que relatan eso: una invasión. En la primera, una bíblica plaga de langostas ataca Madrid. En la segunda, la invasión viene del mismo interior de la tierra y en la última, llega a través de un meteorito. Son tres invasiones muy diferentes entre ellas, pero en las tres se aprovecha la premisa para explorar los límites de la humanidad de los personajes y como estos reaccionan bajo el estrés de una situación extrema. 

Al igual que pasa con historias post apocalípticas, las invasiones de Biurrun sirven para llevar a la sociedad o a un solo individuo hacia una presión extrema por la supervivencia. Es algo que se ha visto en muchas otras novelas (véase, por ejemplo, El señor de las moscas), pero Biurrun no solo lo aprovecha para eso, sino que va un paso más allá. Nos muestra tres caras de la humanidad diferentes entre ellas, tres formas de afrontar la desaparición del status quo. Es el hecho de que sean tres novelas cortas lo que le da dinamismo y fuerza al libro y aunque por sí solas funcionan a la perfección, unidas crean un conjunto mucho más potente. 

Uno de los aspectos que más me han gustado de las tres novelas es que pese a que parten de una premisa inicial (hay una invasión y la vida de los personajes protagonistas se escapa de su control), las tres historias son muy diferentes. En la primera vivimos una noche con cuatro personajes que entran y salen de escena como si fuera una obra de teatro. El giro final es especialmente interesante. En la segunda invasión Biurrun se escapa de la escenificación del teatro pero sigue con el drama que se encuentra en sus obras: Cuando la tierra se desmorona literalmente, el protagonista sigue intentando recomponer los pedazos de su vida como si tuviera alguna importancia. La tercera invasión se desmarca de la tragedia para darle más peso a la comedia. La historia, que al contrario de las dos anteriores, es más redonda y breve, está rodeada de un aire más divertido y desenfadado, sin quitar eso el aire opresivo que rodea las tres historias. 

El estilo de Biurrun se adapta muy bien a las tres novelas cortas. Aunque no he leído más del autor (algo que quiero remediar pronto), Biurrun narra la historia siempre buscando el punto de vista ideal para cada una. Sonsacando la podredumbre humana desde un punto de vista cercano o alejándose de los personajes para ver una imagen más completa, jugando siempre con la narrativa para recrear el mejor ambiente. 

Acabando ya la reseña, Invasiones me ha parecido una forma muy buena de adentrarme en la narrativa de Biurrun, tres cortos tentempiés que me hacen esperar a los platos principales de sus otros libros. Pero que sean tentempiés no quita que sean historias interesantes y bien construidas. Solo indica que Invasiones es una buena puerta de entrada a un mundo narrativo que parece, como mínimo, complejo y oscuro.

Otras reseñas:

La polilla en la casa del humo de Guillem López

lunes, 28 de noviembre de 2016



Tengo que confesaros una cosa. Una cosa que me averguenza decir en voz alta (o escribir en internet, mejor dicho) pero de la que me he dado cuenta recientemente. No leo autores españoles. O al menos, no leo suficientes autores españoles. Si miro mi estantería, creo que podría decir que tengo más libros de autores japoneses que de autores españoles, por poner un ejemplo. Y esta ausencia es algo que me gustaría remediar. Guillem López es uno de los autores españoles que más me llama la atención y desde que vi su charla en el Celsius, que tenía muchas ganas de conocer sus libros. Y no podía empezar con un libro mejor.

Guillem López nos traslada a un mundo oscuro y subterráneo en el que el más fuerte o el más listo es el que sobrevive. Y en la supervivencia, en pasar el día a día, es en todo lo que pueden pensar sus habitantes. En apenas unas palabras, López es capaz de sumergirnos en este mundo terrible y descarnado: Las minas de ámbar, la única moneda de cambio (y la única cosa de valor), la infinidad de los pozos y la única frontera que lo separa del otro mundo: el exterior. Arriba y abajo. Sin embargo, el lector no necesita más para sentirse rodeado, para sentir la claustrofobia y la decadencia que rodea las paredes de piedra y suciedad del Pozo.

Y sin embargo y aunque esta ambientación sea importante, el verdadero protagonista es el que se come la historia, la retuerce y la desecha como una sarta de mentiras. Él mismo inicia la novela confesándonos directamente a nosotros que lo que vamos a leer es su historia y a partir de entonces, a partir de esa primera página, Veintiuno se adueña de la historia y la hace totalmente suya. Como podéis imaginar, es una novela de personajes o más bien dicho, de un solo personaje, pues Veintiuno es la luz que hace sombra a todos los demás y eso, que puede ser un poco peligroso, solo hace que la novela sea más interesante. Y lo mejor de esta novela no es solo que Veintiuno tiene una voz narrativa muy bien escrita y que se come todo el resto de la novela, sino también la propia personalidad del personaje, la capacidad que tiene para fascinarnos, engancharnos y a la vez, detestarnos y revolvernos las tripas. ¿Es Veintiuno un reflejo de la sociedad en la que vive o solo un ser detestable más? Y he aquí la respuesta: da igual. Sea lo que sea Veintiuno, como lector lo único que puedes es seguir leyendo y seguir sufriendo.

Y aquí la maestría de Guillem López, que consigue que te adentres en el pozo y que ya no puedas salir. Toda palabra parece perfectamente colocada en su lugar y a su vez, parece que el narrador las esté colocando al azar. Hay interrupciones, hay monólogos, hay mentiras y verdades y todo eso está colocado en el momento perfecto, en la situación ideal. Algo que quizá parece sencillo de hacer, pero que no lo es para nada.

Esta no es una novela para leer en el aire (como hice yo) sino enterrado en el sofá, en un día de invierno. Aún así, no importa que el lugar o la situación lectora no acompañen, porque Guillem López se encargará de adentrarte en la novela.  A falta de haber leído Challenger y con ganas de adentrarme en otra historia escrita por Guillem López, os puedo decir que este autor es uno a tener muy en cuenta. 

"Este es el trato. Yo contaré mi historia, la de verdad, y vosotros la escucharéis os guste o no, porque hablaré de drogatas y marginados, de sexo, violencia y muerte. Seguro que sabéis a que me refiero. Ese impulso tan jodido cuando te dicen: no mires abajo, pero lo haces y miras y cuando sientes el vértigo ya es demasiado tarde. Así son las cosas."


Otras reseñas de este libro:

El año de Gracia de Cristina Fernández Cubas

lunes, 17 de octubre de 2016



Una de las cosas que más me gustaron del Celsius es el descubrimiento de nuevos autores. De esas veces que vas a presentaciones o entrevistas con autores de los que no sabes casi nada y acabas con su libro bajo el brazo. Cristina Fernández Cubas es un buen ejemplo de esto y después de su charla, muchos fuimos los que arrasamos comprando alguno de sus libros en el stand. Mi elegido fue este, El año de Gracia, una novela muy cortita (que más bien es un relato largo) y aprovechando el #LeoAutorasOct, me he puesto con él este octubre. 

Daniel es un seminarista, experto en lenguas muertas y lecturas densas, pero totalmente ignorante del funcionamiento del mundo. Su hermana Gracia le concede un año sabático para que pueda pensar que quiere hacer sin sufrir penalidades económicas y Daniel decide viajar a París. Sin embargo, y después de un tiempo en la capital francesa, Daniel se siente atrapado entre las redes de su hermana y decide improvisar: Se embarca hacia Glasgow, sin saber que nunca llegará a la ciudad escocesa. 

Lo que os he contado en este resúmen es solo la introducción, las primeras páginas de una novela que poco a poco va introduciéndonos en un ambiente oscuro y paranoico. Daniel comenta que ya no se pueden vivir historias de aventuras y él mismo vive en sus propias carnes una. Cristina Fernández Cubas juega muy bien con la belleza y el terror, con la angustia y la paranoia, escribiendo una historia que brevemente nos traslada a este escenario depravado y extraño. 

Con una prosa maravillosa y exquisita, en primera persona, nos muestra los pensamientos de Daniel y sus impresiones. La prosa de Fernández Cubas es para mi uno de los mayores tesoros de este libro y hacen que el lector pase las páginas con interés por seguir conociendo la historia de Daniel. Y no solo ambienta de maravilla la historia, sino que también nos muestra la desesperación humana en forma de soledad, de miedo y de locura. Con ciertas reminiscencias a las historias de Poe, pero con bases de literatura hispánica, Fernández Cubas logra convertir esta novela corta de 90 páginas en una historia sangrienta, terrorífica y muy interesante.

En conclusión y sin alargarme más, El año de Gracia es una muestra perfecta de lo que esta autora seguramente (y digo seguramente porque no he leído nada más de ella, pero me da esa sensación) puede conseguir. Con una escritura maravillosa y una ambientación interesante, la novela se lee en una tarde, unas horas en las que podrás vivir y sufrir con Daniel y las ovejas carnívoras (sí, ovejas carnívoras. ¿Por qué creéis que quería leer este libro de la autora y no otro?). 

Otras reseñas de este libro:

Reseña: Insólita ilusión, insólita certeza de Lolita Bosch

domingo, 21 de junio de 2015



Sí, estamos casi a 20 de este mes y aún no he colgado ninguna reseña de la autora. Pero quien avisa no es traidora y ya os comenté que este mes estaría un poco liada con mil cosas. Aún así, por supuesto que me ha dado tiempo de leer Insólita ilusión, insólita  certeza, de Lolita Bosch. Tenía ganas de leerla, en parte porque este libro estaba esperándome desde hace bastante tiempo. En parte porque me lo había autoimpuesto con el Autor del mes (y así lo he podido coger de una vez). Sin embargo, no ha sido para nada el libro que yo me esperaba.

Don Joaquín de la Cantolla y Rico fue un personaje importante para México. Pero México no lo recuerda. México no tiene calle, día nacional o libro de texto donde Joaquín de la Cantolla sea señalado por lo que hizo. Pese a que Joaquín se atrevió a soñar con una ciudad mejor. Y pese a que Cantolla fue de los primeros mexicanos en tocar el cielo. A través de la historia de este personaje desconocido, Lolita Bosch va desgranando toda la historia de México durante el siglo XX. 

Pues sí, ya de entrada este libro no es un libro de narrativa. No, al menos, un libro de narrativa al uso. Más cercano a la no-ficción, pues nos habla de una historia real con hechos reales. Aún así, Lolita Bosch lo escribe de una forma tan sublime y bonita que podría parecer un cuento precioso y totalmente inventado. A través de hechos reales y de la historia de un país en constante cambio, Bosch aprovecha para explicar y sacar a la luz un personaje, sino fascinante, sí suficientemente interesante para mantenernos atrapados en la lectura.

Por que aunque no es un libro de ficción, nos atrapa. Lolita Bosch escribe tan bien que es imposible no querer seguir leyendo. En ningún momento se puede hacer pesado o aburrido, pues la pluma de la autora oscila tanto como la vida del propio Cantolla y a la vez, va recordándonos lo que ya ha escrito. Es una forma de escribir que paa algunos puede resultar algo repetitiva, pero que aprovecha esa aliteración para crear belleza, pero no una aliteración común, sino una que se va repitiendo en todo el texto sin resultar así tedioso o repetitivo. 

La pluma de Lolita Bosch es preciosa. Si habéis leído alguno de sus libros (aunque por lo que vi en la entrada, nadie la conocía), lo sabréis. Sino, no sé a que estáis esperando. Se deja llevar, coge lo mejor del lenguaje para transformarlo en narrativa lírica. Aparte de escribir muy bien, usa los recursos literarios que tiene a mano con genialidad. Así, un libro de historia puede transformarse en una preciosa y bonita historia sobre como un hombre quería levantar Ciudad de México por los aires. Como un hombre quiso llevarse su país en los colores de su globo aerostático. 

En conclusión, este no es un libro al uso. Pocas veces os encontraréis un libro así y seguramente la mayoría de vosotros no os vaya a gustar. Porque no es un libro que hable de grandes amores, de aventuras increíbles o de personajes carismáticos. Habla de la historia, de la realidad, habla de personajes que existieron. Y sin embargo, no puede haber historia más realista que se parezca más a un cuento que esta que nos trae Lolita Bosch con su pluma preciosa. Así que si crees que disfrutarías de una historia así, no dejes de perderte en las pocas páginas de este librito. Vale la pena descubrir a Lolita Bosch.
4/5