Hace casi ocho años, este libro me cambió la vida. Me destrozó por dentro, cogió mi corazón, lo destrozó en pedazos y luego lo reconstruyó. Si tengo que poner un ejemplo de la peor resaca literaria de mi vida, este es el libro que acude a mis labios. Así que cuando Diego de El marcapáginas y Anxo del Canal Nostalgia organizaron una lectura conjunta del libro, me entraron ganas de releerlo, sobretodo después de haber leído Nosotros de Yevgueni Zamiatin (libro en el que se basó Orwell). Y aunque lo he acabado un poco tarde, volver a encontrarme con este libro me ha recordado porqué Orwell es uno de mis autores preferidos.
Winston vive en un mundo reprimido en el que la verdad, la libertad, el pasado o el amor han dejado de tener sentido. Un mundo en el que el Gran Hermano lo domina todo y su régimen totalitario domina el país, en constante guerra con los otros dos existentes. Winston sabe que algo está mal en esta sociedad, que algo debe cambiar. Y en esa inconformidad, que vive silenciosamente y a escondidas, es cuando conocerá dos personas que le cambiarán la vida.
1984 es una novela reflexiva, intensa y muy muy dura que logra llegar al alma a los que la leen, no por las emociones de los personajes ni por la trepidante trama, sino por la profundidadde la ambientación creada por Orwell. Este mundo, esta distopía creada por Orwell tiene todo lo demás, pero es la ambientación lo que realmente coge fuerza, lo que nos hace ponernos a temblar y pensar, a imaginar que quizá ese futuro no está tan lejano. Basado claramente en los movimientos de mediados del siglo XIX, Orwell lleva un paso más allá los pinitos de distopías creados hasta el momento. Porque todo lo que está escrito, cada una de las palabras, están pensadas y bien integradas en la ambientación.
Los personajes no son solo seres humanos que viven o sienten con nosotros, sino también son personajes que interaccionan y en esa interacción hay muchísima más riqueza que en muchas otras obras. Ha sido en esta relectura que me he dado cuenta del poder que tiene la relación entre Winston y O'Brien (la mejor, para mi gusto, de toda la obra), así como la de Julia y Winston. Estos tres seres humanos, con todas sus facetas, se nos hacen tan reales que llegamos a sufrir y vivir con ellos. Pero sobretodo, llegamos a amar y odiar a la vez.
Muchas son las ideas que quiere mostrar Orwell y realmente lo hace con una pluma magistral y una maestría narrativa increíble. Nos muestra ese mundo de tal forma que llega un momento que podemos pasearnos por él (con las aterradoras consecuencias que provoca eso). Y también nos deja una reflexión que inevitablemente acude a nuestras mentes, porque Orwell ha logrado, con esta obra, plasmar a la perfección la naturaleza humana. Una lucha eterna entre el amor y el odio que esconden ideas muy interesantes como la existencia, el control del pasado (algo que desde que lo leí, me fascinó) o el control de una población. Todo ello a través de una historia no solo interesante, sino que no baja de intensidad en ningún momento. Y el final... es de esos que te dejan sin habla, con el alma destrozada y el corazón en un puño.
En definitiva, y ya dejo de enrollarme. ¿No lo habéis leído? Cogedlo ahora mismo de vuestra biblioteca o librería más cercana y devoradlo. A los que leéis distopías juveniles y no habéis leído este libro: leedlo. A los que no os atraen las distopías: leedlo igualmente. Dejad que Orwell os destroce por dentro. Este es de esos libros que debería habitar en todas y cada una de las estanterías de una casa. Así que no sé que hacéis aún aquí, leyendo esta reseña.
5/5



