Leer a Jane Austen siempre es como reencontrarse con una vieja amiga. En este caso, y gracias al Club Pickwick, me lancé a la relectura de Mansfield Park esperando encontrar una trama que ya conocía y unos personajes que me eran familiares. Sin embargo, y como pasa con todas las relecturas, he descubierto detalles y facetas de esta novela que pasé por alto en la primera lectura.
Fanny Price es una joven de una familia relativamente pobre, va a vivir a casa de sus tíos en Mansfield Park. Ahí Fanny crece junto con sus tíos y sus primos y conoce de primera mano una vida más acomodada de la que nunca habría visto en su antiguo hogar. Sin embargo, no recibe una bienvenida cálida por ninguno de ellos excepto por Edmund Bertram, su primo y su único amigo. Cuando tiene dieciséis años, la vida familiar de los Bertram cambiará ante la aparición de unos nuevos inquilinos, los Crawford en la bicaría del pueblo.
La complejidad de Mansfield Park está, lejos de lo que dice la opinión popular, a la altura del resto de obras de Austen y es que en esta nos muestra una cara más melancólica y más dulce de la sociedad en la que vivía, sin perder por ello el tono de ironía que caracteriza a la autora. A través de los ojos de Fanny Price vemos de nuevo el contraste entre clases sociales de las que Austen habla constantemente, pero esta vez suavizado para la propia Fanny, que pese a venir de una familia pobre, crece en un ambiente de clase social alta. Sin embargo, la frialdad y superioridad con la que toda su familia trata a Fanny deja entrever este contraste.
Por otro lado, los Crawford ofrecen un punto de vista totalmente diferente, con muchos más matices que la bondad casi ciega de Fanny y Edmund. Las personalidades de Henry y Mary me parecieron detestables en la primera lectura y sin embargo le he encontrado muchísimos atractivos en esta segunda, sobretodo Mary. Ambos personajes evolucionan, cambian durante la historia y muestran contradicciones que los hace parecer muy vivos. Su trama amorosa con Edmund, su capacidad para criticar y pensar más allá de lo establecido, hacen de ella un personaje muy interesante y el que le da más vida a la novela.
Esta es, por supuesto, una novela de personajes y en este caso es aún más vigente esta importancia que Austen le da a sus personajes y podemos ver todo un abanico de ellos. La trama, por lo tanto, está mucho más difuminada y eso no significa que sea un libro aburrido o lento (aunque a muchos les parecerá que sí) pues al coger tanto peso los personajes, podemos ver como ellos, vivir como ellos, sentirlos. Austen logra esta conexión personal en todas sus novelas y Mansfield Park no es una excepción.
Y por supuesto, la narrativa. Esa frescura que tiene Austen, con ese toque irónico en sus personajes histriónicos y su forma de narrar que toca muchas veces el tono sarcástico, hacen de esta novela una delicia. La recomiendo, igual que recomiendo a cualquier otra de Jane Austen, porque la crítica social, la complejidad que tienen sus personajes y su capacidad para adueñarse del corazón del lector y obligar a que sienta y viva la novela, es una capacidad que sigue intacta después de 200 años.

