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El pescador de John Langan

lunes, 25 de noviembre de 2019


Lo he comentado en numerosas ocasiones, pero la editorial de terror Biblioteca de Carfax está haciendo un trabajo excelente para acercarnos traducciones que no habían visto la luz en español anteriormente. Una de ellas es este libro, El pescador de John Langan. Lo tenía puesto en la lista  de pendientes desde hacía unos meses cuando Libros Prohibidos lo nominó en los Premios Guillermo de Baskerville, así que me pareció la excusa perfecta para acercarme al fin a lo que se esconde entre las aguas de esta historia. Y aunque ha sido una experiencia irregular, sin duda ha valido la pena.

Abe es un hombre de mediana edad, solitario y prematuramente viudo. Cuando perdió a su mujer, cayó en un pozo de desesperación del que solo le sacó la pesca. Ahora que Dan, un compañero de trabajo, está viviendo una situación similar, se le ocurre que pueden ir a pescar juntos. Esta relación, que les sirve de alivio a ambos, se torcerá en el momento en el que Dan propone un arroyo misterioso, el arroyo de El Holandés, para ir a pescar.

Esta es la clásica historia dentro de historia. La primera parte, que nos cuenta la historia de Abe y Dan, es cortada por la mitad por la segunda parte, que es todo el grueso de la novela y que nos mete en antecedentes. Esto puede presentar un problema, ya que al ser este “flashback” (aunque técnicamente es más bien una historia explicada que un flashback) tan largo, nos desarraiga de la historia “principal”. De hecho, es difícil determinar qué historia es la principal y cual la secundaria. Si un caso, tienen las dos el mismo peso. Pero aunque esa sea la intención del autor, a la práctica hay una historia (la de la segunda parte) que tiene más peso que la otra.

Esta estructura también me ha provocado una sensación extraña. Por un lado, cuando empecé la parte dos estaba demasiado metida en la historia de Abe y Dan y el corte me pareció demasiado repentino. Por otro lado, una vez me metí en la historia dentro de la historia, me costó mucho volver a conectar con los protagonistas de la primera parte. Sin embargo, y pese a estos peros, la estructura funciona bien gracias a las expectativas. Al describir una atmósfera oscura tan bien ambientada, es fácil introducirse en el mundo que crea Langan y sobrecogerse ante lo que va sucediendo.

Este terror es más bien fantástico, lejano pero a la vez bien construido. No es un horror que nos atemorice por la cercanía de la situación, por la posibilidad de que nos pasase a nosotros, sino que es un terror más bien chocante, espeluznante en lo grandioso.  El autor se centra sobre todo en mostrar estas imágenes imposibles desde el punto de vista de quien las ve, desde los personajes. Estas imágenes imposibles tienen aún más fuerza por estar reforzadas en elementos que sí conocemos. Un mar enorme, grandioso y oscuro. Un bosque que se extiende hasta donde alcanza la vista. Hay algo de poderoso en las extensiones naturales a grande escala que describe el autor en el libro.

La palabra “describe” es clave en este libro. En primer lugar, porque en algunas ocasiones se hacen algo densas. Segundo, porque pese a eso, es un libro tan bien escrito que es una delicia de leer. Langan no domina bien el ritmo en todo el libro, pero la ambientación y las imágenes que muestra son muy poderosas. Esto me parece una cualidad imprescindible a la hora de escribir terror, pues solo una historia bien escrita consigue transmitir esa sensación de desasosiego que, en algunas ocasiones, transmite la novela.

En conclusión, aunque tiene algún problema, la novela engancha desde la primera página. La historia de Abe y la forma que tiene de contárnosla es muy interesante, y todo el cuento dentro del libro, que tiene reminiscencias a los cuentos orales y las historias que se cuentan alrededor del fuego, le dan un toque imprescindible al libro. Aunque le sobran páginas, El pescador es una historia de miedo muy disfrutable.

Otras reseñas:

Escritoras de horror: Cinco novelas terroríficas

jueves, 31 de octubre de 2019


Octubre es uno de mis meses preferidos del año. Empieza a aparecer el frío, la vida se aleja del verano y hay muchísimos eventos en los que participar. Halloween (o la Castanyada, si como yo, sois catalanes), el #LeoAutorasOct, el Salón del manga… Y como si quisiera aunar todo esto, me he dado cuenta que, en los últimos años, en octubre tengo tendencia a leer terror escrito por mujeres. Hace dos años escribí esta entrada sobre escritoras de terror y el año pasado recomendé, junto con Alexander Páez, diez relatos escritos por mujeres. Así que para seguir esta tradición, hoy quiero recomendaros cinco novelas de terror escritas por mujeres que, creo, os pueden encantar si os gusta el género.

Siempre hemos vivido en el castillo de Shirley Jackson

No me canso de recomendar esta novela y es que Shirley Jackson es un must cuando hablas de escritoras de terror. Con un tono casi familiar y cercano y una sensación de extrañeza que rodea toda la casa de los Blackwood, Jackson nos adentra en la historia de Merricat y su hermana. Y lo que al principio nos parece una verdad casi intocable acaba deformándose en una realidad diferente, sorprendente. Esta familiridad juega en nuestra contra, pues Jackson usa elementos que siempre hemos visto y los transgiversa a su antojo, convirtiendo la princesa en villano, el dragón en víctima. A esto hemos de añadir una caracterización de personajes casi perfecta y una lírica preciosísima que caracteriza los libros de Jackson. Un canto a la soledad y a la extrañeza que, sin duda, todo el mundo debería leer en algún momento de su vida. 

El vivo de Anna Starobinets

Adoro a Anna Starobinets por sus narrativas enfermizas, reflejo de una sociedad demasiado parecida a la nuestra. El terror de esta autora rusa toca cerca de casa y aunque sea, como en este caso, tan lejano como solo la ciencia ficción puede ser, los elementos que la rodean nos tocan de cerca. En este caso, Starobinets escribe una distopía con una familiraridad terrorífica. Como en todas sus historias, parte de una realidad cotidiana en la que casi podemos vernos reflejados y adentra al lector, poco a poco, en un ambiente perturbador del que no puede salir. El horror de esta novela es sutil y, en parte, trabajo del lector y no solo de la autora. Pero al leer El vivo y la sociedad que describe, es inevitable recordar nuestra propia realidad y ver como Starobinets la ha deformado lo justo para que sea ficción, pero no del todo. Ella nos habla directamente a nosotros y es imposible apartar la mirada. Sin duda, una autora (y una obra) a tener en cuenta.

Cero de Kathe Koja

Siempre que hablo de este libro lo describo como un viaje al infierno de ida, pero sin el billete de vuelta. Creo que es la mejor definición para entender la obra de Koja, pues la capacidad que tiene la autora de meterte en la mente perturbada del personaje principal y en darte a conocer la espiral de pensamientos en la que está metido es fascinante. De una fascinación que no te deja ir, pues al igual que el agujero negro que protagoniza esta novela, las páginas de la historia se suceden de una forma casi natural. El lector solo puede ser espectador de la realidad que se desarrolla ante sus ojos y que, poco a poco, se adentra en las profundidades más oscuras y terroríficas de la psique humana. Aquí reside el verdadero terror, pues aunque claramente la premisa de la que parte la novela es muy improbable, sus consecuencias son muy humanas y plausibles y nos remueven algo en el interior. El terror descrito en Cero es extraño, pero fascinante, como una obra de arte que, aunque te incomode, no puedes dejar de mirar. 

Feed de Mira Grant

Mira Grant, tambien conocida como Seanan McGuire, es una autora muy prolífica tanto en fantasia, como en ciencia ficción. Como Grant, además, escribe un terror más clásico, más de monstruos y menos de humanos, pero muy interesante también. Yo, de hecho, la conocí con esta novela. Feed no es una novela de zombis al uso y solo por eso, ya merece la pena adentrarse en ella. Aunque el monstruo que caracteriza la ambientación del libro es el no-muerto, el verdadero enemigo es la ambición humana y como esta puede deformarlo todo hasta en momentos de vida o muerte. La crónica de la protagonista, que está idealmente pensada en primera persona, ayuda a meterse en este mundo tan bien creado y en una trama que se aleja parcialmente del terror para adentrarse en un thriller psicológico y político muy bien llevado. Extrañamente, este libro no tuvo buena acogida, pero para mi es una de las novelas más originales de zombis que he leído. Y eso es decir mucho. Si os gusta el tema, no os perdáis Feed.

El año de Gracia de Cristina Fernández Cubas

El terror escrito por autoras españolas es una de mis asignaturas pendientes. Aún no he podido leer a Pilar Pedraza (sino, estaría en esta lista seguro) y lo poco que he leído de autoras han sido más relatos que novelas. Sin embargo, una de las escritoras de terror más contundentes e interesantes de nuestro país es Cristina Fernández Cubas. Con muchísimas novelas en su haber y aún más cuentos, destaco esta no solo por ser la única que he leído, sino también por tener ese toque de terror más tradicional que me encanta. Fernández Cubas usa la ambientación, la extrañeza de las cosas cotidianas que pueden convertirse, de repente, en algo diferente, monstruoso. Juega con los miedos internos, con la paranoia humana, para convertir una novela que parece casi Walden en una historia de horror no muy terrorífico, pero si muy interesante. Además, tiene una prosa que merece la pena descubrir.

Su cuerpo y otras fiestas de Carmen María Machado

Y un bonus. Aunque sea colección de relatos y no novela, quería añadirla. Soy una lectora reciente a las novelas de terror, pero lo soy aún más a los relatos de terror. Aún así, y desde que me adentré en este género, he de reconocer que los cuentos cortos de miedo me fascinan. Me encanta como, en pocas páginas, algunas autoras son capaces de transmitir sensaciones tan desagradables. Una autora que descubrí el año pasado, y que sin duda excele en esto, es Carmen María Machado. Su antología, Su cuerpo y otras fiestas, habla de feminismo, de sexualidad, pero también de situaciones terroríficas, de un horror que conocemos todos por que nos toca de cerca. Es humano, es familiar, es tan incómodo que en algunas ocasiones optamos por apartar la mirada. O peor aún, seguir mirando. Por que Machado busca esa parte morbosa de nosotros, esa parte que disfruta con el horror ajeno aunque sea incapaz de aceptarlo. Conoce bien la oscuridad humana y la muestra en 12 relatos cortos pero intensos. 

Un descanso para los muertos y otros relatos de Lucy Taylor

jueves, 17 de octubre de 2019


Parece que este #LeoAutorasOct está sirviendo para recuperar a escritoras que ya leí hace un año para esta iniciativa. El otro día os hablaba de Lois McMaster Bujold y su libro de Fragmentos de honor y hoy quiero reseñar una antología fascinante que ha sacado Pulpture de Lucy Taylor. De Taylor hablé el año pasado cuando reseñé Agua en los pulmones, pues su relato, Amados, fue mi preferido de la colección. Así que en cuanto supe que habían sacado un libro solo con relatos de la autora, no pude resistirme.

Un descanso a los muertos y otros relatos es una antología ecléctica. Dividida en tres categorías, Desierto, Familia y Futuro, los relatos son todos terroríficos, pero oscilan en temas, personajes y formas. Hay algunos relatos de terror más clásico, otros que apelan al monstruo que guardan los seres humanos en nuestro interior.

Si algo está claro al leer a Lucy Taylor, es que es una escritora subversiva. Sus relatos están pensados para incomodar al lector, para hacer que se remueva en su asiento mientras lee. Esto lo consigue con personajes desagradables o situaciones extrañas que nos aterran justamente porque podemos ver paralelismos con nuestro día a día. Taylor apela a la locura, a la violencia de género y a la cotidianidad para crear un terror cercano, absorbente, atractivo. A las torturas, la sangre y las violaciones, pues Taylor no es amable ni con el lector que se adentra en sus cuentos ni con el ser humano que representa en ellos.

Los doce cuentos que conforman esta antología son oscuros y violentos. Presentan un ser humano corrompido que es, normalmente, el verdadero monstruo del relato. Aunque hay elementos sobrenaturales, bestias horribles o maldiciones, lo que realmente acaba predominando es el ser humano como creador del horror, como conductor de la violencia, la sangre y la oscuridad. Es por eso que sus relatos, pese a tener ese toque de fantasía, se me apelan muy cercanos. La chica que es violada por un minotauro podría ser yo. La mujer apalizada por su marido podría ser mi vecina. Son historias cotidianas llevadas a un extremo terrorífico. Cuando leía los relatos, no podía evitar acordarme de Carmen María Machado, pues ambas usan ese terror más primogenio, más sexual y violento.

Normalmente una antología tiene el problema de que es irregular. Es imposible que todo guste a todo el mundo y cuando se seleccionan relatos con temáticas tan diferentes, es normal que no todos lleguen al lector. Sin embargo, Un descanso para los muertos y otros relatos me ha parecido una colección muy equilibrada. Sí es hay algunos relatos que destaco sobre otros (como Acuerdo prematrimonial o Benditos sean los ligados), pero todos tienen una calidad indiscutible y una forma muy interesante de apelar al horror.

En conclusión, y sin querer desvelar nada de la trama de los relatos (pues creo que son de esos libros que tenéis que adentraros vosotros, sin guía) os diré que es una vergüenza que no se haya publicado hasta ahora a Lucy Taylor en español. Por suerte, Pulpture se ha puesto las pilas con esta colección, reunida por Sofía Barker, también traductora del libro. Sin duda una antología que hará las delicias de todo amante del buen terror.

Otras reseñas:

Els assassinats de la Molly Southbourne de Tade Thompson

jueves, 26 de septiembre de 2019


Ressenya en català: 

Un dels noms que ha entrat amb més força al panorama del gènere espanyol traduït aquest any ha sigut el de Tade Thompson. Gràcies a la seva visita al Celsius i a la publicació de dues de les seves novel·les, podríem dir que és un dels meus descobriments del 2019. Després de gaudir gratament de Rosalera, els editors de Mai Més Llibres s’han animat a publicar la seva novel·la curta. Traduïda meravellosament per l’Alexander Páez, Els assassinats de la Molly Southbourne és de tot menys convencional.

La Molly Southbourne és la protagonista d’aquesta novelette, una noia que viu amb els seus pares a una granja i que té una peculiaritat: cada cop que sagna, apareix un clon seu, exactament igual a ella, però amb instints assassins molt potents. Això significa que la Molly es passa la vida intentant evitar la sang (encara que de vegades sigui inevitable) i eliminant aquesta sang com pot per evitar l’aparició de les altres Mollys.

Si heu llegit Rosalera, podreu comprobar que aquest llibre té molt poc a veure amb relació al publicat per Runas. No només canvia el format (de novel·la a novelette), sinó també la temàtica. Els assassinats de la Molly Southbourne és un llibre de terror visceral, gore, casi inhumà. El tó que Tade Thompson li dona a la Molly contribueix a aquest horror, doncs la novel·la està escrita casi amb desinterès, com si lo quotidià es donés la ma amb lo cruent. Aquesta perspectiva ajuda a la novel·la i aconsegueix que ens fiquem a la pell de la Molly i que puguem entendre la seva vida, tot i ser tan diferent a nosaltres. Per què en el fons, no ho és. La Molly creix amb els seus pares, fa les seves tasques diàries, va a la universitat, té relacions sexuals... conviu el seu dia a dia amb l’assassinat d’aquestes copies que són com ella, parlen com ella, però no són ella.

Tade Thompson ja em va demostrar amb Rosalera que té una forma de tractar als personatges molt peculiar. La Molly és, sens dubte, un personatge molt ben construït. Thompson es centra en la seva psique i en la forma que té aquesta d’adaptar-se a una situació de constant horror. La Molly va creixent i el lector creix amb ella. La forma que té la Molly d’afrontar el trauma que la persegueix durant tota la seva vida va canviant a ma esura que elal també va creixent, i evoluciona amb ella d’una manera molt realista.

Tot i que no ho sembli, és una novel·la amb un ritme trepidant. Al ser tan curta, es llegeix gairebé en un moment, com si poguessim llegir-la de la mateixa forma amb la que l’autor l’ha escrit: amb un impuls, com una febre que passa ràpid. Això li va bé a la novel·la. Les seves cent i pico pàgines es llegeixen en una tarda. L’estil de Thompson s’adapta molt bé al ritme i la traducció d’Alexander Páez ajuda a aconseguir aquesta lectura fàcil i, a la vegada, dura.

Mai Més Llibres estan fent molt bona feina i Els assassinats de la Molly Southbourne ho mostra. No nomes perquè facin unes edicions precioses per dins i per fora, sinó també per saber escollir títols originals, diferents al que acostumem a veure en el panorama del gènere en català. Aquesta novelette és una aposta arriscada, però fascinant. Esperem que sigui només el primer de molts altres títols d’aquest calibre.  

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Reseña en castellano:

Uno de los nombres que han irrumpido en el panorama del género español traducido este año es Tade Thompson. Gracias a su visita en el Celsius y a la publicación de dos de sus novelas, podríamos decir que ha sido uno de mis descubrimientos de 2019. Después de disfrutar gratamente de Rosalera, los editories de Mai Més Llibres se han animado a publicar su novelette. Traducida maravillosamente por Alexander Páez, Els assassinats de la Molly Southbourne es de todo, menos convencional.

Molly Southbourne es la protagonista de esta novelette, una chica que vive con sus padres en una granja y tiene una peculiaridad: cada vez que sangra, aparece un clon suyo, exactamente igual que ella, pero con un instinto asesino muy potente. Eso significa que Molly se pasa la vida intentando evitar sangrar (aunque a veces sea inevitable) y eliminando dicha sangre como puede para evitar la aparición de las otras Mollys.

Si habéis leído Rosalera, podréis comprobar que este libro poco tiene que ver con el publicado por Runas. No solo el formato (de novela a novelette), sino también la temática. Els assassinats de la Molly Southbourne es un libro de un terror visceral, gore, casi inhumano. El tono que Tade Thompson le da a Molly contribuye a este horror, pues la novela está escrita casi con desinterés, como si lo cotidiano le diera la mano a lo sangriento. Este enfoque aumenta el interés de la novela y consigue que nos metamos en la piel de Molly y que podamos entender su vida, aunque sea tan ajena a nosotros. Porque en el fondo, no es tan diferente. Molly crece con sus padres, hace las tareas diarias, va a la universidad, tiene parejas… convive su día a día con el asesinato de esas copias que son como ella, hablan como ella, pero no son ella.

Tade Thompson ya me mostró en Rosalera que tiene un tratamiento de personajes peculiar. Molly es, sin duda, un personaje muy bien construido. Thompson se centra en su psique y en la forma que tiene esta de adaptarse a una situación de constante horror. Molly va creciendo y el lector crece con ella: vemos como primero afronta el problema de las otras Mollys como algo natural. La forma que tiene Molly de afrontarse al trauma que la persigue durante toda su vida va cambiando a medida que ella también va creciendo, y evoluciona con ella de una manera muy realista.

Aunque no lo parezca, es una novela con un ritmo trepidante. Al ser tan corta, se lee casi en un momento, como si pudiéramos leerla de la misma forma que el autor la ha escrito: en un impulso, como una fiebre que pasa rápido. Esto le va bien a la novela, cuyas cien y pico páginas se leen en una tarde. El estilo de Thompson se adapta a este ritmo y la traducción de Alexander Páez ayuda a conseguir esta lectura fácil y a la vez, dura.

Mai Més llibres está haciendo muy buen trabajo y Els assassinats de la Molly Southbourne lo demuestra. No solo porqué hagan unas ediciones preciosas por fuera y por dentro, sino también por saber elegir títulos originales, diferentes a lo que acostumbramos a ver en el panorama de género catalán. Esta novelette es una apuesta arriesgada, pero fascinante. Esperemos que sea solo el primero de muchos títulos de este calibre.

Otras reseñas:

Cero de Kathe Koja

jueves, 2 de mayo de 2019



Ya he declarado en anteriores reseñas lo mucho que admiro el trabajo que está haciendo Biblioteca de Carfax para acercar el terror a un público diferente. Era necesario que naciera una editorial así, una alternativa al terror más clásico de Valdemar (que es una gran editorial también, con un gran catálogo) y que a su vez, rescatara clásicos del género como el que vengo a hablar hoy: Cero de Kathe Koja. La edición es tan preciosa como las anteriores, con portada de Rafael Marín y traducción de Pilar Ramírez Tello.

Nicholas es un joven que parece de vuelta de todo. Trabaja en un trabajo de mierda que le permite pagar el alquiler y el alcohol, escribe poesía infecta y no hace mucho más con su vida. Hasta que, junto con Nakota, una amiga y ex-amante, descubre un agujero negro en el almacén de su edificio. Lo que al principio es un hallazgo fascinante se va convirtiendo, poco a poco, en una obsesión oscura.

Uno de los puntos fuertes de esta novela y el más importante en cuanto a meternos en la ambientación, es el punto de vista narrativo. Koja nos mete dentro de la mente de Nicholas y casi parece que sea literalmente: la forma de escribir y narrar el libro está en forma de monólogo interior (o stream of consciousness). De esta forma, solo conocemos a Nakota de forma indirecta, a través de los ojos de Nicholas, y sin embargo, es evidente que es la verdadera protagonista de la historia: La fuerza que conduce la trama. Esto es especialmente potente, pues Nakota es un personaje despreciable: egoísta, despreciable, incapaz de pensar en las consecuencias de sus acciones. Un tipo de personaje que no vemos como punto central de una novela y que a su vez, consigue que Cero sea aún más interesante. 

La otra fuerza que conduce la trama es el propio agujero negro. Koja usa este elemento de forma muy inteligente y, como lectores, somos conscientes de su extrañeza, de la misma forma que lo son Nicholas y Nakota. Sin embargo, el terror viene a través del desconocimiento, de la incapacidad que tienen los personajes, y nosotros con ellos, de aprehender qué es el agujero negro y como funciona. La ignorancia es la fuente principal del terror, como también lo es la incapacidad por alejarse de la influencia del agujero negro. Los personajes se sienten constantemente atraídos por él y el hecho de no saber qué hay más allá solo aumenta esta atracción.

Este libro es un viaje a los infiernos más profundos. Un viaje que hacemos con Nicholas, mientras el resto del mundo se va desmoronando. La degradación del personaje se corresponde directamente a la degradación de la narración y eso atrapa con aún más fuerza al lector. Más que un terror físico, tangible, lo que provoca Cero es una sensación de incomodidad que deja los pelos de punta, pero que te engancha a sus páginas sin remedio.

En conclusión, este es un libro extraño, en  el cual es fácil de entrar, pero difícil de salir. Un libro escrito con una fuerza extraña (y maravillosamente traducido por Pilar Ramírez Tello, tengo que añadir), que te atrapa e incómoda. Una de esas historias que a través del morbo, el asco y la curiosidad, logran atraerte. Sin duda, si os buscáis un libro de terror diferente, Cero es una muy buena opción.

Reseñas del libro:

Reyes del horror: la literatura de terror en España

jueves, 31 de enero de 2019



Dentro del género, la literatura de terror parece ser la hermana pequeña: aquella que está a la sombra de sus hermanas mayores, como son la fantasía o la ciencia ficción. Por supuesto, nada más lejos de la realidad y es que el terror nació a la vez que el resto de la literatura. Al fin y al cabo, las historias hablan sobre emociones humanas y el miedo es una de las emociones más primigenias de los seres vivos. El terror nos acompaña durante toda nuestra existencia y a medida que vamos creciendo, va mutando, cambiando, disfrazándose. La literatura de terror ha estado siempre ahí porque ha acompañado siempre al propio miedo.

Cuando pensamos en grandes nombres de escritores de terror, la mayoría de los que vienen a la cabeza son nombres anglosajones. Aparece Mary Shelley, Bram Stoker, Edgar Allan Poe, Lovecraft como clásicos, Stephen King, George R.R. Martin o Anne Rice como más contemporáneos. Si te adentras un poco más, conocerás a Angela Carter, Shirley Jackson o Edith Wharton. Ya hablé en este artículo sobre las mujeres escritoras de terror, en la que nombro un buen número de nombres de escritoras. Sin embargo, ¿qué pasa con la literatura de terror en castellano? En España pocas veces se ha considerado la literatura de género como “literatura de verdad” y las pocas veces que eso ha ocurrido ha sido cuando esta ha sido publicada en editoriales generalistas y publicitada como algo diferente o más “mainstream”.

Pero hay muchísima literatura de horror de calidad en español. Parece una afirmación evidente, pero no lo es para todo el mundo. En este artículo quiero ahondar en el terror español para ver todas las maravillas que se esconden detrás de apellidos españoles. Os aseguro que son muchas.

El terror anglosajón VS el terror español. ¿Qué los diferencia?

Quizá una de las características más diferenciadoras dentro del género es como este ha llegado al público. Mientras que en el mundo anglosajón, los autores de miedo han sido reconocidos como literatura clásica de calidad, sin quitarle por ello la etiqueta del terror, en España la literatura de terror ha sido escondida bajo otras etiquetas. Tenemos grandes autores como Ramón María del Valle-Inclán, Gustavo Adolfo Becquer, Emilia Pardo Bazán o Joan Perucho, pero en muchas ocasiones no se consideran sus obras como auténticas obras de terror y si lo hacen, les cuelgan la etiqueta de gótico, como si eso pudiera diferenciar un terror de mayor calidad a uno menor. Pero Bécquer escribía sobre fantasmas y Perucho sobre vampiros, así que… ¿qué diferencia estas temáticas de las que se encuentran en las historias de Poe o Stoker?

Ilustración de Virginia Argumosa
Mientras nuestros hermanos de lengua en América del Sud escribían sobre realismo mágico e historias de terror, encontrándonos así a escritores como Juan Rulfo, Isabel Allende o Gabriel García Márquez. Sus obras tienen toques de fantasía y terror (como decía Lovecraft, no existe el terror sin el género fantástico). Aunque no me atrevo a hablar demasiado de cómo se vive y se publicita la literatura de terror al otro lado del charco, sí veo que hay una diferencia frente al terror que ha estado escrito aquí, pues en España este género se considera poco más que literatura menor (en contraste con la “alta literatura”). Similar a lo que pasa con la ciencia ficción, que durante mucho tiempo fue considerado un género de escapismo y naves espaciales (como si eso fuera malo), el terror en España es considerada literatura de nicho y muy dirigida hacia un público concreto. No se lee en las escuelas como Poe (quizá exceptuando a Bécquer) ni se vende en editoriales generalistas como King.

El terror español; una multitud de nombres

Sin embargo, la literatura de terror española está en un momento muy interesante. Actualmente hay dos editoriales especializadas en terror y muchas otras que publican obras de autores que exploran con sus historias todas las variantes que puede tener el miedo, buscando aquello que puede despertar el horror en el lector. Desde el gore, hasta los monstruos, hasta el terror psicológico, en España tenemos un amplio abanico de posibilidades literarias.

Ilustración de Ninona para un relato de Bécquer
Podemos leer novelas de zombies y conocer las novelas de Carlos Sisí (que ahora publica nueva novela de terror, aunque no de no-muertos, con Insólita: Varsovia) o las de Manel Loureiro. Podemos leer sobre pesadillas y mundos que se acaban con Ismael Martínez Biurrun, Guillem López, Jesús Cañadas o Emilio Bueso. Sobre fantasmas con Miguel Córdoba, Mariana Enriquez (permitidme que la añada, aunque sea argentina, pues toda publicidad hacia esta autora es poca), Cristina Fernández Cubas, Pilar Pedraza, Elia Barceló Jaume Vicent o Nieves Mories. Podemos adentrarnos en la fantasía oscura y leer a José Antonio Cotrina (en solitario o con Gabriela Campbell, en ambos casos 100% recomendables), a Ferran Varela o Teresa P. Mira de Echeverría (que también es argentina). O podemos conocer el bizarro, un subgénero que no siempre se puede relacionar con el terror pero que siempre provoca la incomidad que consigue también este género. Tenemos a autores como Tamara Romero o Alfredo Álamo.

Si algo he querido dejar claro es que aquí no tenemos ningún Stephen King, un autor que marque tendencia y que venda millones escribiendo terror, que luego se traducirá a la gran pantalla. Pero eso no quita que en España seamos productores de cultura y que una parte de esa cultura (tanto cinematográfica, de la que no he hablado por ignorancia, como literaria) forme parte del amplio género del terror. Pero sí que me gustaría que, después de leer este artículo, quede claro que en España tenemos muchísimos autores y autoras interesantes, que exploran nuestros miedos interiores en sus novelas. No soy una experta en el género (aunque es algo que me gustaría llegar a conocer bien con el tiempo) ni he podido leer, por desgracia, a todos los autores que he comentado anteriormente. Por eso, este artículo, más que ser un análisis de las formas en las que el género puede mutar, es una carta de amor hacia la literatura de terror española y hacia todos aquellos autores que, conocidos o por descubrir, han llenado de pesadillas mis noches más oscuras. Por todo eso y por mucho más, gracias.

Agua en los pulmones de Varias Autoras

jueves, 29 de noviembre de 2018




Me encantan las antologías de varios autores. Lo considero como una forma de conocer a nuevas voces o, simplemente, de leer diferentes estilos en un solo libro. Es un gusto adquirido, la verdad: antes no era muy fanática de los relatos, pero conforme ha avanzado el tiempo (y conforme he ido leyendo más), más me han gustado. Es por eso que cuando se anuncian novedades de libros como el que hoy reseño, 'Agua en los pulmones', editado por Pulpture, el hype sube por las nubes.

En 'Agua en los pulmones' descubrimos tres relatos de terror, los tres relacionados, de una forma u otra, con el agua. El agua como masa uniforme, el agua como elemento conductor de vida (y de muerte), el agua como elemento de supervivencia. Las tres voces pertenecen a Kelly Robson (ganadora del Nebula por este relato), a Lucy Taylor y a Ruthanna Emrys.

Lo primero que se dice siempre, al hablar de una antología, es que por naturaleza son libros irregulares. Pocas son las antologías redondas cuyos relatos gustan al 100%. Agua en los pulmones, por su propia naturaleza de antología, es por lo tanto, un libro irregular. Pero como son solo tres relatos, voy a intentar analizar cada uno de ellos por separado.

El primero, 'Una mancha humana', de Kelly Robson, es más novela corta que relato. Nos traslada a una ambientación victoriana en la que Helena acepta trabajar como institutriz para huir de sus deudas. El trabajo es en un castillo abandonado y lo que empieza como un merecido descanso pronto se convierte en un cuento de terror. Lo mejor de este relato es la caracterización de los personajes, o más bien del personaje, pues Helen se come todo el protagonismo. Sin embargo, el terror se ve venir de lejos y la trama se vuelve algo previsible. Sin embargo, tanto la ambientación como los personajes están muy bien conseguidos.

'Amados' es, con diferencia, el mejor relato de la antología. Lucy Taylor nos traslada a un futuro postapocalíptico en el que el nivel del mar ha subido de tal manera que la sociedad ha tenido que establecerse en pequeños asentamientos. Taylor consigue crear una ambientación oscura y malrollera que no sabes por dónde va a salir y que tiene un final redondo. Es muy interesante como usa la biología para crear el terror, sin que este sea muy evidente o muy falso. Al contrario, consigue hacerte meter en la piel de los personajes y que sientas de la misma forma que ellos.

Por último, cierra la antología ‘La letanía de la Tierra’ de Ruthanna Emrys, un relato con ambientación lovecraftiana. En este caso, lo único que usa de Lovecraft es la ambientación, pues el acercamiento al terror es desde un tono más pausado y cotidiano. Esto hace que sea un relato asequible tanto para lectores  acérrimos del autor de Providence como para los que no lo han leído. Sin embargo, parece más un relato costumbrista (o incluso de fantasía urbana) que uno de terror.

En conclusión, Agua en los pulmones es un buen acercamiento a estas tres autoras y aunque el primer relato es algo flojo y el tercero no es exactamente de terror, es importante que las editoriales apuesten por libros así, con autoras desconocidas en nuestro país, con voces que no se habían leído apenas en español. Solo por eso (y por el relato de Lucy Taylor), ya creo que vale la pena leer Agua en los pulmones.

Otras reseñas del libro:

Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez

viernes, 23 de noviembre de 2018


Tengo algo que confesar: empecé Las cosas que perdimos en el fuego pese a que, en realidad, no tenía muchas ganas de leerlo. Hay veces que se lee algo un poco por obligación y este fue el caso: tenía que leerlo para el programa de 3 marcianos y medio y se me acababa el tiempo. Yo misma entendía que era raro que no tuviera ganas, pues el libro parecía hecho para mí: venía recomendadísimo por gente de cuya opinión me fío, era una autora que quería conocer (y que me había encantado escuchar en el Celsius) y es una antología de relatos. Pero entonces leí el primer relato. Y bueno, digamos que la pereza se esfumó al instante.

Las cosas que perdimos en el fuego es una antología de relatos de terror que se aleja de las convenciones del género para abrir una puerta a una Argentina oscura, viscosa, desagradable. Una Argentina que es un personaje más en los relatos y que forma parte de la ambientación pegajosa y opresiva que logra la autora. Y es que el terror de Mariana Enriquez no usa monstruos ni situaciones fantásticas, sino que busca el miedo en lo cotidiano, en las sombras que rodean el día a día. Es un miedo más cercano, a veces casi intangible, que se adentra en el lector poco a poco, casi sin que se note, y te cala hasta los huesos.

Mariana Enriquez elige en casi todos sus relatos una protagonista femenina, una mujer que, peor o mejor, forma parte de una Argentina empobrecida: La falta de recursos y de dinero es una constante en los relatos de Enriquez. Así, no se corta en mostrar su país en su peor momento: barrios chungos de Buenos Aires, casas abandonadas, drogas, sexo desenfrenado, gente en la miseria. El terror viene también de ahí, de esos ambientes opresivos, oscuros, ennegrecidos por la pobreza, que muestra la autora.

El terror también viene de escenarios sobrenaturales. Pero no un sobrenatural espectacular, con monstruos o escenas sacadas de este mundo. Enriquez busca despertar sensaciones al lector, transmitir un malrollo que se pega y no se desengancha. Esto lo logra en algunos cuentos más que en otros, pues como toda antología, Las cosas que perdimos en el fuego tiene relatos más acertados que otros. Mariana Enriquez usa espírtus, usa humanos, usa la oscuridad urbana que rodea Buenos Aires y el resto de zonas rurales de Argentina. De esta forma, logra colarse en la mente del lector y sacudirla de todo escepticismo.

En conclusión, esta es una colección de relatos de terror que va creciendo dentro de ti a medida que vas leyendo. Relatos que al principio parecen no tener ni una pizca de ese malrollo del que he hablado en la reseña, pero que poco a poco van metiéndote dentro de la ambientación, hasta que ya no puedes salir de ella. Recomiendo leer estos relatos de una tirada, descansando entre cuento y cuento, para poder meteros bien en esta Argentina espeluznante.

Otras reseñas:

La noche de las panteras de J.G.Mesa

martes, 20 de noviembre de 2018



Como ya he dicho con anterioridad, soy jurado en el Premio Guillermo de Baskerville para la categoría de novela corta. Unos premios que me han permitido leer y descubrir autores que, quizá, no habría leído (o habría tardado mucho más en leer). El turno de hoy es de J.G. Mesa, autor gaditano del que conocía su existencia, pero poco más. Reseño hoy su novela corta ganadora del V premio de novela corta de terror Ciudad de Uretra, ‘La noche de las panteras’.

La premisa de esta novela es sencilla: en un supuesto ataque terrorista, se han liberado en una ciudad anónima, varios felinos salvajes. Panteras, tigres, leonas, caracales, y otros animales famélicos que cunden el pánico entre las calles. Con esta historia de trasfondo, conocemos a Victoria y Silvia, cuyo único objetivo es retornar a David a su hogar. Para hacerlo, tendrán que enfrentarse a los peligros de la noche, en el que no todas los monstruos llevan piel de animal.

Uno de los primeros problemas que me he encontrado con esta novela corta ha sido que, pese a ser una novela de terror, no da miedo. No, al menos, en el sentido tradicional de la palabra. La premisa de los animales salvajes atacando a la población es más bien ridícula y no funciona como elemento de terror. Por supuesto, el autor la usa como distracción del verdadero leiv motiv de la novela, de esa idea, ya un poco manida, pero que siempre funciona, de que el humano es el verdadero monstruo. Es algo que siempre me ha encantado de las novelas de terror y que Mesa lo lleva muy bien. Sin embargo… ¿Por qué darle tanta importancia entonces a la premisa? Un buen porcentaje de la novela se centra en el ataque de los felinos, hasta hay un capítulo largo en el que el autor se mete dentro del punto de vista de los felinos. Esto no es malo per se, pero la novela tiene dos partes muy diferenciadas y la que, al menos para mí, es más interesante tiene muy poco peso en comparación.

El otro gran problema que he tenido con esta novela ha sido con los personajes. De nuevo, la atención se ve dispersa entre los tres protagonistas (Victoria, Silvia y David) y otros personajes con los que vemos lo que ocurre durante la noche del ataque. El resto de personajes son presentados como clichés y no salen de esa figura, con la excepción, quizá, de Juana Lugano, la policía. Victoria y David al principio se nos presentan también como personajes muy estereotipados y no es hasta que la novela avanza mucho que podemos ver que, al menos Victoria, tiene más profundidad. Esto es agravado por el hecho de que Victoria es una mujer trans, algo que el autor aprovecha para hablar de la problemática de la homofobia y la transfobia. Hasta aquí bien. Sin embargo, tratando de hacer esto, el propio autor cae en esa problemática (como el hecho de que no deja de referirse a las mujeres trans como “mujer venida de hombre” o referirse a las mujeres cis como “mujer mujer”).

El estilo, aunque en ocasiones peca de pomposo, es adecuado para la historia y tiene momentos brillantes. Mesa tiene un estilo muy lírico, que funciona bien durante casi toda la novela corta (con contadas excepciones en las que se hace forzado). Sin embargo, funciona muy bien para mostrar la dureza de la realidad urbana que quiere mostrar el autor: la bestialidad del humano, los prejuicios que empañan nuestra sociedad y que, en momentos de tensión y caos, salen a flote con más fuerza que nunca.

En conclusión, esta es una novela corta que se deja leer y que tiene momentos brillantes. En mi caso, la lectura se ha visto empañada por algunos de los aspectos que he comentado en la reseña y que no me han dejado disfrutar de la obra.


Esta reseña se ha realizado como jurado del Premio Guillermo de Baskerville que organiza Libros Prohibidos. 

Otras reseñas:

Blackwood de Lois Duncan

viernes, 28 de septiembre de 2018


Nocturna está haciendo una labor muy importante en el mundo de la literatura juvenil, trayendo lecturas que tocan todos los géneros desde la fantasía más clásica (en noviembre reeditarán las novelas de Diana Wynne Jones, por ejemplo) al terror juvenil, como es el caso del libro que reseño hoy. Aprovechando su estreno en cines (al que no fui, por cierto) quise leerme la novela y comprobar qué tal estaba. ¿El resultado? Bastante regular. Y ahora os explico por qué.

Blackwood es el nombre de un internado al que envían a la joven Kit a pasar un año. El internado, perdido en medio de la montaña y situado en una mansión enorme y terrorífica, será aún más espeluznante cuando Kit descubra que solo 4 alumnas, ella incluida, han sido aceptadas ese año. Lo que empieza siendo un centro de aprendizaje elitista acaba siendo una pesadilla para las cuatro alumnas.

El gran problema de Blackwood (y sí, empiezo con el problema porque es lo más visible) es el hecho de que la novela apenas aporta novedad al género. Duncan coge los clichés de las historias de terror y sin ningún tipo de cambio o giro, los aplica en su novela: mansión encantada, fantasmas, terrores nocturnos y adolescentes asustadas. Nada falta en la receta para que Blackwood sea una historia de miedo cliché. Quizá la única novedad es el tema de los fantasmas y el arte. Es una premisa interesante y Duncan la explota bien, aunque es también bastante previsible: desde el momento en que aparece por primera vez, el lector ya puede prevenir por donde va a tirar la novela.

Lo que sí hace bien Lois Duncan es la ambientación. Explota un cliché ya usado, sí, pero lo hace con un estilo muy elegante y una prosa sencilla pero efectiva. Nos mete fácilmente en la mente de Kit y consigue que el lector se traslade hasta Blackwood y sus tierras. Este es uno de los puntos fuertes del libro, pues al tener solo 200 páginas y ser tan asequible de leer, es fácil adentrarse entre sus páginas y leerlo de una sentada o dos.

Como historia de terror, Blackwood no funciona. Los elementos están muy usados y la fórmula, muy vista. La ambientación, pese a que está bien escrita, sigue siendo evidente y tópica. Sin embargo, como una introducción al género para lectores jóvenes, creo que es un libro más que adecuado. Si os gusta la literatura de terror y habéis leído mucho, quizá no os convence, pero si no conocéis demasiado de este género, esta edición tan bonita de Nocturna, con traducción de Noemí Risco, es una buena manera de empezar. 

Otras reseñas:

Experimental Film de Gemma Files

martes, 8 de mayo de 2018



Ya os he hablado más de una vez de la increíble labor que realiza La biblioteca de Carfax. Una editorial pequeña, recién nacida, independiente y con mucha fuerza para traer terror, mucho de él escrito por mujeres. Y con un catálogo de infarto. Sin embargo, me costó adentrarme a Experimental Film, pues el tema no acababa de atraerme. Pero como ya comenté en el pasado, últimamente estoy haciendo una exploración del terror escrito por mujeres y, como tal, no podía perderme este premio Shirley Jackson 2016. Y suerte que no lo he hecho.

Experimental Film nos traslada a Canadá y nos presenta a Lois Cairns, una profesora y crítica de cine que ha perdido su trabajo de lo primero y se mantiene como puede de lo segundo. Lois descubre la obra de la que podría ser la primera directora de cine canadiense y decide investigar su historia y su obra de una manera casi obsesiva. Poco a poco, Lois se verá atrapada por los mismos fantasmas que acosaban al objeto de su estudio, años atrás.

Esta es una novela difícil de entrar. Gemma Files aprovecha las primeras cincuenta páginas para hablar de cine y, más concretamente, de cine canadiense y aunque eso sirve para asentar la ambientación que rodea la vida profesional de Lois, no deja de ser unas 50 páginas densas en las que el lector no visualiza hacia dónde va la trama. Pero al ser el cine un elemento central del libro, pronto este inicio denso se entiende en cuanto empieza la investigación sobre la señora Whitcomb y todo el misterio que rodea su obra. A medida que avanza el libro y ya con toda la ambientación creada, es el misterio el que va cogiendo peso en la trama.

Otro leiv motiv importante es la figura de Lois como madre, o más bien, como madre trabajadora. Con un hijo autista y una infancia difícil, a Lois se le hace complicado compaginar su trabajo con su vida personal y, en muchas ocasiones durante la novela, tiene que elegir entre los dos. La primera persona refuerza las sensaciones que vivimos con Lois y todo su espectro de emociones en cuanto se refiere a la familia.

Todo esto nos permite conocer y dibujar a Lois como un personaje real y Gemma Files logra convencernos que lo es. Con un aire casi de ensayo en algunas ocasiones, la caracterización de Lois es uno de los puntos más fuertes de la novela y aquello que nos incita a seguir leyendo. Esto no significa que el misterio que rodea a la señora Whitcomb no esté bien escrito o no tenga el peso suficiente en la trama, al contrario. Este misterio forma parte de lo quien es Lois y se muestra muy presente en la novela.

Gemma Files logra crear una ambientación en ocasiones casi asfixiante, que te envuelve durante la lectura y no te deja ir. Es quizá por eso que el final puede resultar algo más flojo de lo esperado, pues todo lo que ha construido durante la novela acaba desinflándose en un final con un ritmo más lento. Sin embargo, la calidad literaria que muestra Files se mantiene durante todo el libro y es por eso que es un placer de leer desde la primera página hasta la última.

La historia de Lois Cairns me ha fascinado desde el principio, mucho más que todo el misterio de terror que envuelve la obra de la señora Whitcomb. Y de hecho creo que es gracias a esta caracterización del personaje que he leído con interés toda la novela. Esto conlleva a que si estáis buscando una historia de terror que no os deje dormir, Experimental Film no lo es ni mucho menos. Pero si buscáis una historia con tintes de terror y un tono personal, este puede ser vuestro libro.  

Otras reseñas:

Agentes de Dreamland de Caitlin R. Kiernan

jueves, 19 de abril de 2018


Hacía mucho tiempo que quería leer algo de Catelyn R. Kiernan, la autora que firma esta novela corta que ahora ha traído Runas al español. Tanto la novela antes publicada en español por Valdemar, La joven ahogada (con una portada y una sinopsis de lo más sugerentes) como algunos de sus relatos. Con la publicación de esta novela corta, publicada en inglés por Tor.com, no quise perder la oportunidad de conocer, por fin, la obra de Kiernan. Y ya os aseguro que no será la última novela que lea suya.

Agentes de Dreamland nos traslada hasta Arizona, Estados Unidos. Ahí conocemos al Guardagujas, un agente federal que está investigando un extraño suceso y que se reúne con una mujer, Immacolada Sexton para intercambiar información. Por otro lado tenemos a Chloe, una ex drogadicta que ha encontrado el sentido de su vida gracias a una secta religiosa.

Cuesta entrar en la lectura de Agentes de Dreamland. Los primeros capítulos meten de lleno en un mundo que el lector no puede contextualizar y la lírica sugerente de Kiernan aumenta esta sensación. Sin embargo, una vez el lector se adentra en la tónica de la historia, queda totalmente atrapado. Kiernan no mastica la historia para el lector, sino que deja que sea este el que descubra todos los secretos, todo lo que se puede leer entre líneas.

A esto se le suma una ambientación oscura maravillosa. Con toques lovecraftianos, Kiernan se adueña de muchos de los tropos que hemos visto en la literatura del terror cósmico y los hace totalmente suyos. El trabajo es nuestro, sí, pero una vez vamos conectando los puntos, descubrimos las constelaciones que nos quiere mostrar la autora. Y no son escenas bonitas, sino más bien imágenes perturbadoras y desconcertantes que nos hacen sentir como los humanos perdidos de esta misma novela.

En tan solo 120 páginas, a Kiernan le da tiempo de hablar de sectas, de monstruos astrales, de experimentos gubernamentales secretos y mucho más. Le da tiempo de mostrarnos un futuro desolador y una humanidad rota en mil pedazos. Lo logra no solo con la ambientación que ya he comentado ni con el maravilloso estilo de la autora, sino también con sus personajes. Centrándose solo en los tres principales, nos mete en sus mentes, nos deja ver sus rincones más oscuros. De ellos, quería destacar Immacolada Sexton, a quien solo podemos ver como principal en un capítulo, pero que se come todo el protagonismo del resto de personajes cuando está en escena.

En conclusión, Kiernan es una maravillosa narradora y sabe muy bien cuando conducir al lector y cuando dejarlo a su aire para que sea él quien descubra los secretos de su obra. Agentes de Dreamland es una obra de terror, un thriller y también una novela con toques de ciencia ficción, todo compensado en 120 páginas. La edición en tapa dura de Runas es de esas que quedan perfectamente en la estantería y la traducción de María Pilar San Román logra plasmar al español la pluma de la autora. Si os gustan las novelas cortas, y os gustan las novelas de terror, este es vuestro libro.

Gracias a Runas y Alianza editorial por el ejemplar


Otras reseñas del libro:
Donde acaba el infinito
El caballero del árbol sonriente

Las tres muertes de Fermín Salvochea de Jesús Cañadas

lunes, 16 de abril de 2018


Voy a hacer una confesión vergonzosa, por favor, no os marchéis del blog después de leerla: No he leído nada de Jesús Cañadas. O más bien, no había leído nada hasta que llegó a mis manos La tres muertes de Fermín Salvochea. Es verdad que ya tenía curiosidad antes de este suceso, pero no fue hasta que Cañadas sacó su nueva novela, que me animé a leerla, pues tiene muchos elementos que me llaman la atención: Ambientada en España, principios del siglo XX y novela de terror. ¿Qué más se puede pedir? Pues esperad, que acabo de empezar.

1907. Sebastián recibe una entrada para el circo de los horrores que acaba de llegar a Cádiz, un circo al que sabe que él y sus amigos tienen que acudir. Ese mismo día ocurre algo que cambiará su vida y la visión que tiene del borracho de su padre: Fermín Salvochea, el alcalde de Cádiz durante la primera República, ha muerto. Pronto descubrirá Sebastián que su padre, Juaíco, está mucho más relacionado con este personaje de lo que él espera.

Una de las cosas que creo que hace mejor Jesús Cañadas en esta novela es la capacidad de meterse en la piel de un niño como hace con Sebastián. La novela está dividida en dos puntos de vista, el de 1907 con la voz narrativa de Sebastián y el de 1873, que nos muestra la vida de su padre, Juaíco. A través de estas dos historias, que se van entrelazando, el lector va adentrándose en este Cádiz del pasado, lleno de fantasmas y monstruos. Y es esta capacidad que tiene Cañadas de hacerte volver a sentir un niño, a vivir y disfrutar como un niño y sobre todo, a ver desde los ojos de un niño, que hace los capítulos de Sebastián inmejorables. Desde un buen principio, todo lo que rodea a Sebastián es misterioso y terrorífico, pero Cañadas juega con el lector de manera que tanto él como el personaje no sepan nunca qué es real y que es una invención. Esto tiene aún más poder gracias al resto de personajes que rodean a Chano. Por otro lado, está la historia del pasado, donde tanto Fermín Salvochea como Juaíco están perfectamente delineados y caracterizados.

Cañadas sabe muy bien cuando parar una historia para continuar con la otra. Durante todo el rato, ambas historias se van entrelazando, al principio con pequeños detalles y al final totalmente, con personajes que se complementan a un lado y otro del tiempo. Cañadas siempre da la información justa para que tanto los personajes como el lector se queden con ganas de saber más, de seguir leyendo.

Y aunque he hablado de lo bien caracterizados que están los personajes principales, Cañadas no deja de lado los personajes secundarios y de hecho son estos los que le dan vida real a la novela. Tanto los tres amigos de Sebastián, como su madre, como toda la ristra de personajes que pueblan los callejones y cloacas de Cádiz, todo el elenco hace su papel sin mostrar que es realmente un papel. Su vitalidad da vida a la propia historia.

Pero aunque tiene elementos de terror y de drama, esta es, en lo más profundo, una novela de aventuras. Y mientras avanza la lectura, me daba la sensación que de la misma forma que yo lo estaba disfrutando, el autor había disfrutado escribiéndolo. El batiburrillo de referencias frikis, históricas y fantásticas, referencias de Cádiz y de España, es fascinante y a veces, de hecho, algo abrumador. Sin embargo, es una nota discordante en una melodía maravillosamente creada y que no quita para nada el buen sabor de boca que deja la novela una vez llegas al último punto.

En conclusión, y dejándome muchísimas cosas en el tintero que se podrían decir de esta novela, Las tres muertes de Fermín Salvochea es una novela que traslada al lector al Cádiz de principios del siglo XX, a un Cádiz histórico, sí, pero también fantástico, costumbrista, un Cádiz lleno de mitos y leyendas que no parecen reales. Con una prosa maravillosa y una historia muy bien tramada, Las tres muertes de Fermín Salvochea se va a lo alto de mis mejores lecturas en lo que llevo del año.


Otras reseñas de la novela:
Sense of Wonder
Libros Prohibidos
Boy with letters

Combustible Lovecraft de varios autores

lunes, 12 de marzo de 2018



Cuando Orciny Press me propuso enviarme este libro, acepté con cierta reticencia. No porque no me llamara la atención el libro o porque no me gustaran las antologías: al contrario, me parecía una premisa muy interesante. Sin embargo, he leído poco de Lovecraft y me apenaba no poder disfrutar del libro al cien por cien. Pero una vez me metí en algunas de las historias, estas reticencias quedaron atrás y me quedé atrapada en sus historias.

Combustible Lovecraft es una antología coordinada por Yolanda Espiñera y Félix García y publicada por Orciny Press, que reúne nueve relatos inspirados, y a veces ambientados, en las novelas del autor de Providence, H.P. Lovecraft. Reuniendo a varios escritores españoles, Combustible Lovecraft es una antología que se adentra en su mundo oscuro e inquietante y lo hace a través de distintas narrativas, relatos e historias.

Uno de los puntos fuertes de Combustible Lovecraft es que la mayoría de relatos pueden leerse independientemente de este bagaje cultural. Por supuesto, todos beben del mundo creado por el autor americano. Pero usan sus mismos elementos de una forma muy propia, creando una mezcla que, aunque homenajea el original, no se le parece. Este creo que es uno de los puntos fuertes de la antología. Esta capacidad para acoger una ambientación oscura como la de Lovecraft y añadirle riqueza propia, convirtiéndola en algo totalmente nuevo.

Como toda antología, hay relatos que me han convencido más que otros. Hay algunos relatos que se hacen más asequible para el lector virgen (o como en mi caso, casi virgen) de Lovecraft. Otros que, quizá por no conectar tanto conmigo, no he logrado entrar tan fácilmente. Pese a todo, la mayoría de relatos tienen una calidad innegable, con una trama interesante. Me ha parecido fascinante también la capacidad de algunos relatos de saltar por encima de las narrativas más formales para crear relatos diferentes, como es el caso de Tras el horror de Colectivo Juan de Madre.

Quiero destacar tres relatos que para mí son los mejores de la antología. Terror en Villa Alvarado de Roberto Bartual, una maravilla de historia que va creciendo a medida que avanza el lector y que tiene un final espectacular. Nadadoras de Tamara Romero, un relato que, en su sencillez, me ha fascinado. Y por último, Podéis ir en paz de Weldon Penderton, una historia maravillosa que está perfectamente ambientada.

En conclusión, Combustible Lovecraft es un libro inquietante, muy variado, con historias para todos los gustos. Un libro que habla y homenajea al autor de Providence, sí, pero que también se puede leer sin conocerlo ni conocer sus tropos. Los autores de la antología logran transmitir esa oscuridad que rodea los libros de Lovecraft. Y ese, para mí, es el mejor homenaje.

Otras reseñas: